jueves, 26 de enero de 2012

Canciones tristes (cantadas como si fueran alegres) 15*

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Antesala de la oficina de Emilio. El Comisario camina recogiendo papeles del suelo. Los mete en una bolsa de residuos negra.

Comisario: El malviviente, masculino de unos 30 años, duerme en el piso. Su aspecto desprolijo, su incipiente barba, podrían asociarlo a alguna de las organizaciones armadas que asolan nuestro país y que pretenden quedarse con todos los resortes del Estado. Mide aproximadamente un metro setenta y cinco y pesa unos 50 kilos.

Pausa.

Comisario: Todavía respira.

Se detiene. Anuda la bolsa. Sale. Entra Emilio.

Emilio: Duerme. Me acerco lentamente. Esta es la única vez que voy a acariciar su cabeza.

Pausa. Emilio se agacha cerca del cuerpo de Roberto. Le acaricia la cabeza.

Emilio: Podría tratar de explicarle. Pero no puedo explicar lo que no entiendo. Ya no.

Emilio se levanta y camina hasta el piano.

Emilio: Decido despertarlo con el sonido de su piano.

Emilio toca suavemente las teclas del piano. Se escucha una música básica tocada con un solo dedo. Roberto abre los ojos y se incorpora.

Roberto: ¡Emilio! ¡No te escuché entrar!

Pausa.

Emilio: Es gracioso. Sos la única persona que me sigue llamando Emilio.

Pausa.

Roberto: ¿Afuera es de día?

Emilio: Eso ya no importa.

Roberto recoge algunos de los papeles que quedan en el suelo.

Emilio: No hace falta que ordenes. Es suficiente, Roberto. Ya está. El chiste duró poco.

Pausa.

Roberto: ¿Vos estuviste llorando?

Emilio: Marchaban los lisiados, Roberto. Yo los vi. Los bajaron del micro, cerca del palco. Avanzaban en sus sillas de ruedas. Entre la gente. Iban. No cantaban nada, porque los habíamos dejado sin canción, ¿te acordás? Nada cantaban. Pero Iban.

Pausa.

Emilio: Y cuando empezaron los tiros… “¡Corran!” les decían… Hijos de puta. ¡Cómo iban a correr!

Pausa.

Emilio: Nadie escuchó el primer disparo. Era una nube espesa de gritos. Venían de arriba. Del palco. De los árboles. Cortaban la voz del tipo del micrófono. "¡Somos un pueblo maravilloso!", decía. Cómo duele entenderlo todo.

Pausa.

Emilio: Aullidos de corderos asustados. Miedo a morir. Y a saber.

Marchábamos todos a un altar vacío. A buscar un avión que no llegaría nunca. Este país es una trampa, Roberto.

Pausa.

Emilio: Ahora sabemos que todo terminó. Ya no hay nada que interpretar.

No hay teorías que puedan consolarnos.

Pausa.

Emilio: ¿Puedo fumar?

Roberto asiente. Emilio enciende un cigarrillo.

Emilio: ¿Pudiste hacer algo?

Roberto: No todo, claro.

Emilio: Claro.

Roberto: ¿Querés escuchar la de Sotelo y el otro?

Emilio: No, por favor. Es horrible.

Roberto: No quedó tan mal.

Emilio: Vos y yo sabemos que es horrible, Roberto.

Roberto: Es una mierda, es verdad.

Pausa.

Emilio: Bueno, dale: ya sabés lo que quiero escuchar. No queda mucho tiempo.

Pausa.

Roberto: Emilio...

Emilio: ¡Quiero escucharla, carajo!

Se escuchan los primeros cuatro compases de la introducción de una marcha.

Silencio.

Se escuchan los primeros cuatro compases de la introducción de una marcha.

Silencio.

Emilio: ¿Qué pasa? ¿Dónde está mi canción?

Pausa.

Roberto: No la tengo.

Emilio: Fue él. ¿Cuándo vino? ¿Hace mucho?

Roberto: No sé bien...

Pausa.

Emilio: Qué rápido vino...

Roberto: Me amenazó. Con un revólver.

Emilio: Manco hijo de puta. Asesino. Yo sabía.

Pausa.

Roberto: Emilio...

Emilio: Yo me tire en la zanja. Me hice el muerto.

Pausa.

Emilio: Escuché las descargas. Descargas de escopetas, Roberto. ¿Quién lleva escopetas a un procedimiento?

Pausa.

Emilio: Las balas te zumbaban como mosquitos.

Pausa.

Emilio: Nos iluminaban las luces de un camión. Lloviznaba. Creo que lloviznaba.

Pausa.

Emilio: Me quedé ahí abajo mucho tiempo. No sé cuánto. Tenía miedo de que me estuvieran esperando.

Pausa.

Emilio: Cuando me animé a salir, vi los cuerpos. Tirados en el pasto. Mojados. Fríos. Como los de hoy.

Roberto: Emilio se pone de rodillas y llora. No atino a hacer nada. Sólo tengo lástima. Tengo lástima de nosotros dos.

Silencio prolongado.

Emilio: Tenía algo para vos. Con todo esto casi me olvido.

Emilio busca en sus bolsillos. Saca una llave. Camina hacia la puerta de la oficina. La abre y entra. Sale llevando una percha con una funda para trajes.

Emilio: Esto era para vos. Te lo debía.

Se la da a Roberto que la mira. Abre lentamente el cierre de la funda. La funda cae y queda el traje en la percha.

Roberto: Es un traje.

Emilio: Un traje nuevo, Roberto.

Pausa.

Emilio: Y no te voy a pedir nada a cambio, no te preocupes.

Se miran. Silencio prolongado.

Roberto: Es lindo… Digo, por lo menos no está mordido por los perros.

Emilio: Creo que te va a ir bien. Lo mandé a hacer.

Pausa.

Emilio: Me gusta pensar que todo esto sirvió para algo…

Pausa.

Emilio: Ahora andate, Roberto. Ya no puedo controlar las cosas.

Roberto: Pero...

Emilio: Andate te digo.

Pausa.

Roberto: ¿Y mi piano?

Emilio: Olvidate del piano. Olvidate de todo.

Pausa.

Emilio: ¡Andate!

Entra el Comisario.

Comisario: Roberto sale. Emilio se levanta y se mete en su oficina. Oscuridad.

Oscuridad.

-Continuará-

* Canciones… obtuvo la Primera Mención en el Concurso de obras inéditas de Teatro 2008 del Fondo Nacional de las Artes. Y busca Director.

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