lunes, 12 de diciembre de 2011

Canciones tristes (cantadas como si fueran alegres) 5 *

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Habitación de Roberto.

Roberto: Hay golpes en la puerta.

¿Quién es?

Voz de Emilio: Yo... Emilio.

Roberto: Pasá.

Emilio entra. Está agitado. Lleva puesto un traje arrugado. Tiene algo de polvo en la espalda y el bolsillo derecho del saco está descosido. Tiene la camisa afuera y los zapatos embarrados. Respira con dificultad.

Roberto: Emilio entra. Está transpirado. Tiene la ropa destrozada. Sí, destrozada. Y las dos rodillas raspadas, con sangre seca. Puedo verlo porque la tela del pantalón se rompió. Sus zapatos están llenos de barro. Respira con dificultad, se ahoga.

¿Qué te pasó? Habíamos quedado a las cuatro...

Emilio: Sí... A las cuatro... Sí...

Roberto: ¿Podés decirme qué te pasó? Estás hecho un desastre.

Pausa.

Roberto: ¿Fuiste a ver a los tipos?

Emilio: Esperá... Me pasó algo...

Roberto: ¿Qué? Tenés los zapatos llenos de barro.

Un momento. Un momento por favor. Me quedo mirándolo como congelado.

No puede ser. No es.

Pausa.

Roberto: Me habla con su voz ridícula, su impostura. Me parece que habla. Pero no puedo escucharlo. Sólo puedo pasar mis dedos por la tela desgarrada. No puede ser. Es.

Emilio: Vos no sabés lo que me pasó...

Roberto: Es mi traje...

Emilio: Caminaba por la vereda, tranquilo...

Roberto: Está todo roto.

Emilio: No había nadie... Yo no había visto a nadie.

Roberto: Lo destruiste.

Camino a su alrededor. Y bla bla bla. Yo camino a su alrededor. Le saco el polvo de la espalda con unas palmadas.

Pausa.

Roberto: Ahora un poco más fuerte. Más fuerte. Y creo que lo estoy golpeando. Pero él no reacciona. Bla bla. Sólo palabras. Yo cierro mi puño y lo golpeo entre los omóplatos. Recién ahí parece entender. Se da vuelta y trata de sostenerme las dos manos.

Emilio: ¿Qué hacés, pelotudo? ¿Querés pelear?

Roberto: Era mi traje, Emilio. Lo arruinaste. Lo arruinaste todo.

Emilio: No sabés lo que me pasó.

Roberto: Necesito aire. Camino hacia la ventana. La abro. Saco mi cabeza. Emilio habla. Emilio sólo habla. Siempre habla, habla.

Emilio: No había nadie. Nadie. La calle silenciosa... El cielo diáfano... Y la vi ahí...

Roberto: ¿Qué? ¿A quién viste?

Emilio: Una piedrita... Redondeada... Casi esférica... Unos dos centímetros de diámetro. La vi justo. Y no me pude resistir... ¿Vos podrías?

Pausa.

Emilio: Encima levanto la vista y veo un farol... Y al lado... ¿Qué hay justo al lado? El poste de un cartel de "prohibido estacionar". El poste blanco, reluciente... Justito al lado del gris... Dos postes, ¿entendés?

Roberto: No.

Emilio: Un arco, boludo. Dos postes delimitando un arco perfecto. Perfecto. El ángulo complicado, es cierto. Venía un poco jugado, había que darle el chanfle justo...

Roberto: Giro y lo veo. Emilio se para en un pie y se toma la punta del zapato derecho con la mano izquierda. Ese hombre no está bien.

Emilio: Había que impactarle con esta zona: el borde interior del botín...

Roberto: ¿Qué botín?

Emilio: Yo venía como quien sale de la posición del número 11...

Pausa.

Emilio: Calculo los pasos... Son seis... Seis pasos, seis metros, Roberto... Lo justo. Hay que calcular lo justo para llegar con la pierna hábil, ¿sabés? Y yo soy derecho... Tenés que llegar preciso, firme, armónico. Como para que la pierna tenga el recorrido necesario... Y tampoco hay que tomar demasiada carrera. Desconfiá de esos, Roberto. Un tipo que toma mucha carrera va a tirar una masita...

Roberto: Emilio camina hacia atrás. Tiene el traje roto. Y habla.

Emilio: Un metro, un paso...

Roberto: Emilio se choca con la mesa de luz.

Roberto: Tratá de no romper nada, Emilio...

Emilio: Primer paso...

Pausa.

Emilio: Veo que no viene nadie... No hay marcas...

Roberto: No hay arquero...

Emilio: El arco es chico. Si querés arquero, poneme un arco con las medidas reglamentarias. Dos pasos...

Pausa.

Emilio: No hay nadie... No hay marcas... Me molesta un poco el sol en la cara, es verdad... Pero no me voy a hacer visera con la mano, queda espantoso...

Pausa.

Emilio: Entrecierro los ojos...

Roberto: Emilio entrecierra los ojos.

Emilio: Tres pasos...

Roberto: Algún día iba a dar un concierto con ese traje.

Algún día iba a dar un concierto con ese traje.

Emilio: No se ve a nadie. Nadie sale a cerrar. Como toda tribuna, un perro echado al sol. Disfrutando a su manera de este día ideal para la práctica del deporte al aire libre. Un triste perro echado detrás del arco. Pero dormido.

Pausa.

Emilio: Cuatro pasos...

Pausa.

Roberto: Sin traje no hay nada.

Emilio: Nadie... Siento como un hormigueo en el muslo izquierdo. El aductor, deduzco. Pero no es tiempo de claudicaciones. No cuando uno está tan cerca de la línea de gol... El sol como toda barrera. El perro dormido. No hay marcas...

Pausa.

Emilio: Cinco pasos.

Roberto: Emilio da un paso. Mira hacia todos lados concentrado. Sin traje no hay nada.

Emilio: Sigo solo...

Roberto: Emilio, el hombre que arruinó mi vida, mueve los brazos como un futbolista que se desplaza en cámara lenta hacia la ejecución de un penal.

Emilio: Empiezo a inclinar ligeramente el cuerpo hacia mi izquierda. El objetivo: adoptar la postura de una tapa de GOLES... Una verdadera estampa futbolera, Roberto. La cabeza gacha. Los brazos bien separados del cuerpo. El sol que molesta. El perro que duerme.

Pausa.

Emilio: Hay un pinchazo en la zona posterior de la pierna izquierda. Me hago el sota, el que acá no pasa nada, el babieca, Roberto.

Pausa.

Emilio: Un paso...

Pausa.

Emilio: Un paso, Roberto...

Pausa.

Emilio: Firme el pie izquierdo en la vereda. La derecha que toma impulso desplazándose hacia atrás. Lo justo. Ni mucho ni poco. Lo estrictamente necesario. Mientras el perro duerme. Y el sol que ya no importa.

Siento un fuego, Roberto...

Un claro indicio de mi falta de forma. Pero ¿qué voy a hacer? ¿Voy a desertar justo en el momento más importante de mi carrera?

Y allá voy... La calzo justo de puntín... Para asegurar, ¿viste? El impacto es perfecto, inmejorable, y el útil se mete besando el segundo palo.

Puedo escuchar a la afición enfervorizada... Ver los brazos que se agitan... Las banderas en lo alto, tocando el cielo en un solo grito de la popular que salta... Que vuelve a cantar después de tanto, tanto silencio...

Pausa

Emilio: Pero... El estigma agridulce de esta vida puta, Roberto... La pelota imaginaria continúa su trayectoria una vez traspasada la meta e impacta de lleno en la inútil testa del can... Si lo intentaba otras treinta veces no lo conseguía... Pero pasó...

Pausa.

Emilio: Y la bestia que se incorpora como impulsada por un resorte, por un mecanismo diabólico... —¡ya voy mamá! — Abre sus ojos negros, penetrantes, asesinos... Y me mira... No sé cuanto tiempo pasó: un segundo, dos... Me muestra los dientes... Está furioso. Como si el gol se lo hubiera hecho a él. —¡Quiero ver qué pasa! ¡Nada más! ¡Ya voy!— Ladra con ferocidad, Roberto... Levanta el lomo como si sacara una joroba. Hay un brillo de muerte en esa mirada. Hay un pasado oscuro de sangre bebida a mordiscones.

Pausa.

Emilio: Yo miro para todos lados... Y corro... Corro hacia dónde puedo... —¡Me parece que estoy perdido!— Son cuadras y cuadras... Estoy cada vez más lejos de casa... Mamá se va a preocupar... Pero me sigue, me sigue, lo tengo cada vez más cerca... Escucho esa respiración caliente y corro. Corre.

Llego a un descampado, Roberto... Y corro campo traviesa... Con mis patitas flacas. Patitas de nene. Corro entre el barro... Entre las latas oxidadas... Como corrió él: entre el barro y las latas y la basura... Él corrió y corrió.

Pausa.

Emilio: Hace frío, Roberto... Un frío cruel... Y sin embargo hay mosquitos que se me clavan en la sien... La chatarra me corta los zapatos... Y tengo que seguir...

Pausa.

Emilio: Escucho los ladridos... Me busca... Ya ni sé dónde estoy... Me ahogo de cansancio... Papá es mucho más fuerte. Papá corre... Todavía corre.

Pausa.

Emilio: Se hizo de noche, Roberto... Corro, corro, corre... Corremos los dos. Yo, más rápido. Soy más chiquito. Siempre le gano.

Nos iluminan las luces de una camioneta...

Pausa.

Emilio: Salto sobre un pozo ciego... Papá salta... Corre, corre... El corazón agitado le va a explotar de dolor, de pena... Los tiene cada vez más cerca... Esos ojos asesinos que muestran los dientes. Los dientes furiosos... Pero él corre. Sabe que no hay mañana si no corre. Siente el olor a pólvora de la historia... Un pasado oscuro de sangre bebida a mordiscones.

Corre...

Pausa.

Emilio: Hay balas... Balas que zumban por todos lados... Que me rozan la cabeza... Le rozan... Veo una zanja... Una zanja y me tiro, me tiro de cabeza... A hacerme el muerto... A pocos metros, se escuchan las descargas...

Me parece que le dieron, Roberto...

Parece que le dieron...

Ya no va a volver a casa nunca más.

Roberto: Emilio cae de rodillas. En el piso. Esta va a ser la única vez que le acaricio la cabeza.

Pausa.

Roberto: Oscuridad.

Oscuridad.

-Continuará-

* Canciones… obtuvo la Primera Mención en el Concurso de obras inéditas de Teatro 2008 del Fondo Nacional de las Artes. Y busca Director.

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