lunes, 4 de abril de 2011

Dónde Caerse Muerto – 6 *

(Teatro político por entregas. O viceversa)

a Lenin muerte del comunismo

Cementerio. Noche. Ricardo se disponía a tener una cena romántica con su novia junto a la tumba de sus padres. Pero el chico del delivery de pizzas, Enguels, le anunció que las masas se acercaban al lugar para iniciar un foco revolucionario y que lo mejor era irse. Ricardo se niega: esta parcela de cementerio que le dejó su padre es todo lo que tiene.

Enguels trae a su superior, Trosqui, para convencerlo. Ante la insistente negativa, Trosqui lleva a Ricardo a comparecer ante Pedro Marx. Enguels queda a solas con Claudia.

Claudia separa una silla. Se sienta. Tiene en sus manos al murciélago que cayó muerto por el disparo de Trosqui y lo acaricia. Enguels la mira. Toma otra silla y la pone paralela a la de Claudia, a unos diez metros. Se sienta. Se va acercando con la silla lentamente, hasta quedar a su lado.

ENGUELS: ¿Hace mucho que Ricardo y usted están juntos?

CLAUDIA: Muchísimo. Como cuatro semanas.

ENGUELS: Eso no es tanto.

CLAUDIA: Depende. ¿Cuánto es "mucho" para usted? En este tiempo aprendí un montón de cosas.

ENGUELS: Me sorprende. La verdad, no sé qué puede enseñarle un hombre como ese.

CLAUDIA: Mucho. Por ejemplo: ¿usted sabía que a los patos les crecen unas membranas entre los dedos de las patas y que por eso se los llama palmípedos?

ENGUELS: Claro que lo sabía. Es lógico. Así pueden desplazarse por el agua con más facilidad.

CLAUDIA: ¿Cómo?

ENGUELS: Claro. Para eso están las membranas. Para poder desplazar mayor cantidad de agua y moverse más rápido por el medio líquido.

CLAUDIA: Ah no, no... Despacio, por favor... Son tantas cosas. No puedo creer lo que usted me dice.

ENGUELS: ¿Y usted para qué pensó que servían?

CLAUDIA: Nunca pensé que sirvieran para nada... ¿O acaso todo tiene que servir para algo?

ENGUELS: Por supuesto: absolutamente todo.

CLAUDIA: ¿Y para qué sirven las nubes?

ENGUELS: Muy fácil: para avisar que va a llover, para dar sombra, para infinidad de cosas. Las nubes son objetos muy pero muy útiles.

CLAUDIA: Estoy fascinada. Nunca había visto las cosas desde ese punto de vista.

ENGUELS: Yo podría enseñarle muchas cosas, Claudia.

CLAUDIA: ¿Y eso me saldría muy caro?

ENGUELS: No le saldría nada. Para mí sería un verdadero placer.

Sus rostros se acercan.

CLAUDIA: ¿Y puede acompañarme Ricardo?

ENGUELS: Me temo que no.

CLAUDIA: ¿Por qué?

ENGUELS: Porque su presencia entorpecería un tanto el proceso de aprendizaje.

Sus rostros se acercan más.

CLAUDIA: ¿Usted cree?

ENGUELS: Estoy seguro de eso.

Se besan.

CLAUDIA: Déjeme hacerle una pregunta.

ENGUELS: La que quieras.

CLAUDIA: Si es cierto que todas las cosas tienen una utilidad, ¿para qué sirvió esto?

ENGUELS: Para que yo pudiera expresarte mis sentimientos, para que pudiera manifestarte de un modo inequívoco lo que experimento por vos.

CLAUDIA: ¿Y era necesario que su lengua se moviera como una hélice para eso?

ENGUELS: Digamos que sí.

Pausa.

ENGUELS: Y vos... ¿Sentiste algo?

CLAUDIA: ¿Además de su lengua?

ENGUELS: Sí, sí. Además.

CLAUDIA: Estoy un poco confundida.

ENGUELS: Entiendo. Pero vas a ver que con el tiempo las cosas van a aclararse.

CLAUDIA: Eso espero.

Se escuchan pasos. Enguels se para de la silla con un movimiento brusco. Entran Trosqui y Ricardo.

ENGUELS: Hicieron rápido.

TROSQUI: Vivimos tiempos rápidos.

ENGUELS: ¿Qué dijo Marx?

TROSQUI: Que no es la conciencia la que determina la vida sino la vida la que determina la conciencia...

ENGUELS: ¿Y eso?

TROSQUI: Nada. No pierde ocasión de chicanearlo a Hegel.

ENGUELS: Ese boludo de Hegel...

TROSQUI: Un estúpido idealista...

CLAUDIA: Yo pensé que los idealistas eran ustedes.

ENGUELS: Se equivoca: nosotros somos materialistas.

CLAUDIA: Yo pensé que el materialista era Ricardo.

TROSQUI: Ricardo... Eso me recuerda algo...

ENGUELS: ¡Marx! ¿Qué dijo el viejo?

Trosqui desenfunda el arma. Carga y apunta a la cabeza de Ricardo.

ENGUELS: ¿Qué hace, camarada Trosqui?

TROSQUI: ¿Cómo "qué hago"? Voy a matarlo. Eso dijo Marx...

ENGUELS: ¿Así?

TROSQUI: ¿Y cómo si no? ¿Quiere que lo asfixie con una bolsa en la cabeza? Eso es inhumano.

ENGUELS: Pero es que no sé... Así, de pronto...

TROSQUI: ¿De pronto? Hace horas que estamos tratando de negociar con este terrateniente inescrupuloso hijo de mil putas. Estamos frenando el flujo de las masas, compañero. ¿Sabe lo que eso significa?

ENGUELS: Sí, sí. Pero... Es muy tajante. ¿Qué dice el Manual de procedimientos?

TROSQUI: El Manual...

ENGUELS: Sí. ¿Qué dice?

TROSQUI: Bueno, si mal no recuerdo, dice que lo matemos. Página 148, Capítulo 16: "Acerca de cómo terminar con situaciones incómodas". ¿Lo recuerda?

ENGUELS: Me temo que voy a tener que discrepar con usted, compañero. El encuadre es erróneo. Lo que tenemos aquí no puede ser caratulado como "Situación incómoda".

TROSQUI: ¿Ah no? ¿Y para usted que sería entonces?

ENGUELS: Yo lo encuadraría dentro de la figura de "Confrontación ideológica".

TROSQUI: ¿"Confrontación ideológica"? ¿Nada más?

ENGUELS: Sí... A lo sumo podríamos hablar de su quinta acepción: "Confrontación ideológica que pasa a mayores".

TROSQUI: No estoy para nada de acuerdo con usted, camarada Enguels.

ENGUELS: ¿Por qué? La caracterización es perfecta.

TROSQUI: Simplemente porque lo que tenemos aquí no es una discusión. En todo caso, eso es lo que estoy sosteniendo con usted. Y en ese caso sí podría yo aplicar lo que establece el Manual de Procedimientos en el capítulo de las confrontaciones ideológicas...

ENGUELS: ¿Y qué establece?

TROSQUI: Que lo mate...

ENGUELS: ¿Qué usted me mate a mí o que yo lo mate a usted?

TROSQUI: Que yo lo mate a usted: yo tengo el Manual.

ENGUELS: Claro.

TROSQUI: Sin embargo, creo que eso retrasaría todavía más el proceso de colectivización.

ENGUELS: Sí. Supongo que ya habrá tiempo de dirimir nuestras diferencias.

TROSQUI: Exacto.

RICARDO: Disculpen que interrumpa pero ¿y yo? ¿Qué va a pasar conmigo?

TROSQUI: Ya llegaba a usted. Espere.

ENGUELS: Sí. Espere o lo matamos.

TROSQUI: Volviendo a lo nuestro, yo diría que lo que está en juego es un episodio más de la lucha de clases.

ENGUELS: "Lucha de clases", "lucha de clases"... Refrésqueme la idea...

TROSQUI: Pero claro. ¿No lo ve? Tenemos a un propietario que se niega a perder su condición de tal en beneficio de la voluntad del pueblo.

ENGUELS: Una situación típica de la lucha de clases, es cierto. Tanto nombrarla, tanto discutirla y cuando por fin la tenemos delante de nuestras narices somos incapaces de reconocerla...

TROSQUI: No se preocupe, compañero. Es la falta de praxis.

ENGUELS: ¿Y qué dice el Manual con respecto a un caso cómo éste?

TROSQUI: Si no recuerdo mal, en su página 328, apartado 6, capítulo 64, el Manual es muy claro: hay que matarlo.

ENGUELS: Lo sospechaba.

TROSQUI: Voy a proceder entonces.

Trosqui apunta con su arma a la cabeza de Ricardo.

CLAUDIA: No... No, por favor. Lo pueden lastimar.

RICARDO: Dejalos. Terminemos con esta boludez.

ENGUELS: Sin embargo...

TROSQUI: ¿Sin embargo qué, compañero?

ENGUELS: Tengo miedo.

Trosqui levanta el tono de voz.

TROSQUI: ¿De qué, maldita sea?

ENGUELS: Estuve estudiando otros procesos y creo que tenemos que tener en cuenta algo: los errores que podamos cometer en esta etapa de la génesis del movimiento de masas podrían condicionar todo el desarrollo posterior de las condiciones objetivas y subjetivas.

TROSQUI: Pero...

ENGUELS: Creo que dentro de la premura que la coyuntura exige, deberíamos tratar

de establecer un accionar más transparente.

TROSQUI: ¿Más transparente? ¿A qué se refiere, compañero?

ENGUELS: A un tribunal. Un tribunal popular.

TROSQUI: Un juicio...

ENGUELS: Rápido.

TROSQUI: Sumario...

ENGUELS: Sumarísimo.

TROSQUI: Me parece bien. Comuniquémoselo al reo.

ENGUELS: Señor Ricardo...

RICARDO: Ya escuché todo. ¿Se creen que soy sordo? Díganme, ¿tengo alguna alternativa?

ENGUELS: Por supuesto que no.

RICARDO: Que haya juicio entonces.

Oscuridad.

* Dónde caerse muerto está publicado en la antología “Autores en construcción I”, (Libros del Rojas, Editorial Nueva Generación).

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