La competencia por la estupidez de premio es cada vez más dura. Hay mucha seudo estupidez haciéndose pasar por aquello que no es. Así que hay que celebrar cuando alguien viene hacia nosotros desde el cercano planeta Estúpido con una dosis generosa de estupiditis para derramar sobre la madre Tierra. Cuando algo así pasa, el universo estúpido aplaude (de una manera estúpida) y los grandes medios de difusión de estupideces se alinean para reproducir en sus páginas más estúpidamente importantes semejante estupidez. ¿Cómo lograrlo? Esa es la pregunta que muchos aspirantes a estúpidos se hacen. Estuve estudiando el tema como sólo un verdadero estúpido puede hacerlo. Y quiero dar unas pistas que podrían ayudar.
En segundo lugar, el estúpido tiene un lema tatuado en la frente: “¡generalizad!”. Usted es, como dijimos antes, un estúpido grandilocuente. Así que nada de escribir sobre un hecho acotado, cercano a su experiencia o –válgame dios- adyacente a la disciplina en la que usted asegura haberse matriculado. Los mejores libros estúpidos no omiten en sus títulos o bajadas el gentilicio “argentinos”. Siempre acompañados de un “cómo somos”, “por qué somos”, “así somos”, etc. No se prive de eso. Millones de humoristas con ansia de sociólogo, de sociólogos con afán de humoristas y de periodistas con pretensiones de cualquiera de esas dos cosas no pueden equivocarse. Pero si usted es un estúpido de nota, no precisará un libro para semejante audacia. Hágalo en un textito de 50 líneas. Después de todo, la generalización es un arte que gana en significación cuanto más breve es el enunciado. La cumbre de la generalización ha de ser seguramente “los bosteros son / todos putos”, que se canta en los estadios domingo a domingo.
Si no está preparado para tanto, volvamos a nuestro objetivo de las 50 líneas. Que además es lo que le pidió el estúpido del editor. Y por favor, si ya se animó a generalizar sobre un país completo y todos sus habitantes, no se detenga ahora: el peronismo (de Cook a Dromi), el fútbol (de Sacachispas al Metralist de Ucrania), Maradona (de Argentinos Metropolitano 77 a La Noche del 10)… Que nada le ofrezca resistencia a sus superestúpidos poderes generalizadores. Despáchese estos temitas en un párrafo. A lo sumo en dos.
El lector que llegó hasta acá, bastante estúpido, por cierto, estará pensando que estas premisas son algo abusivas. Que hace falta una gran maestría en el arte de la estupidez para conjugar tantas virtudes, que no podrá hacerlo, que es imposible. Puede parecer así. Pero no lo es. La estúpida noticia es que alguien lo logró. No solo, obvio. Necesitó un par. Hacía falta unir dos estúpidas voluntades para concretarlo, pero aquí está. El opúsculo se llama, tomen lápiz y papel, “Maradona como metáfora argentina”. Y es necesario internarse en él, animarse a bracear contra las turbulentas corrientes de estupidez que desplaza violentamente contra el lector para llegar hasta la otra orilla sintiendo que uno es mucho más estúpido de lo que era antes de empezar a leer.
Resumiendo, la Argentina tiene recursos para tirar al techo y la mayoría de sus habitantes podrían superar con éxito un multiple choice sobre los temas más diversos, y sin embargo, todavía hay pobreza. Y el estúpido lector se pregunta ¿por qué? Ilumínenme, por favor. Y parece que, a diferencia de África, acá sí hay un problemita político: sus gobiernos: “Semejante aberración florece en un contexto político en el que a lo largo de más de medio siglo, juntas militares han alternado el poder con gobiernos populistas, corruptos o incompetentes.” Hay que leer este párrafo con detenimiento. Se trata de una estupidez importante. Entre otras cosas, porque establece que los gobiernos militares no fueron ni corruptos ni incompetentes. Estupidez de podio.
Vamos a dejar pasar la incomprensible alusión a Nicaragua, que no se sabe a cuento de qué viene, y vayamos rápido a los gobiernos “serios y pragmáticos”. Que no importa si son de izquierda o derecha, de países grandes o pequeños, industrializados o pastoriles. Son-se-rios. ¿Hay acaso una categoría de análisis político más estúpida? No busquen: no la hay.
Chapeau. Ustedes creían que estábamos ante una estupidez pedestre, mortal, común y corriente. Pero ya ven. Hacía tiempo que los medios gráficos no reproducían una frase tan arbitrariamente estúpida como ésta. Que además describe, sin fisuras ni necesidades estadísticas a “la mayoría de la población”, esa que resulta “incapaz de perder la fe en el peronismo”. El peronismo despierta fe, no adhesiones ni convicción. Fe. Un sentimiento irracional que las masas no pueden abandonar, que les crece como una enfermedad en el interior de sus cuerpecitos oscuros y malolientes. Raro, porque se trata de especímenes bastante educados. ¿Lo recuerdan?
Y la estupidez no termina. “El punto de partida es la negación de la realidad.” Por si se perdieron en la maraña de estupidez, les hago un resumen: existe una “realidad” (estupidez ontológica) que los instruidos racionales ven, pero no los sudorosos morochos que vivan al Diego y padecen la enfermedad mortal del peronismo. ¿Me siguen, estúpidos?
El texto continúa, recordando con estupor que hubo una “legión de devotos” que fueron a recibir a Maradona al Aeropuerto “después de la goleada de 4 a 0 que Alemania le propinó”. ¿Por qué este acto de irracionalidad de los nativos?, se preguntan estúpidamente. Simple: “Presos de la nostalgia, no olvidan nunca que EL hizo el famoso gol con la mano de Dios…” Es decir, lo único que hizo Maradona en su pobretona historia deportiva fue un gol con la mano. Eso es lo que nos lleva tras de él cual séquito de imbéciles. Todo lo otro no fue nada. Y acá viene una perla cultivada con una exquisita dosis de racismo (que como se sabe es la etapa superior de la estupidez). Es por este “gol con la mano” llamado “la mano de dios” que “su mano y la de dios son la misma mano. EL es uno con DIOS. La manada, entonces, mientras grita para adentro, "¡Si estamos unidos a Dios Maradona compartiremos toda su gloria!", grita para afuera: "Maradooooooona, Maradooooooona".” Por si se desorientaron por la estupidez del razonamiento, estos fulanos acaban de llamarnos “manada”. Qué decepción. Uno esperaba que un psicoanalista que escribe en el diario más importante del establishment de habla hispana desarrollaría formas un poquito más sofisticadas de gorilismo. Debe haberlas. “Manada” es hija dilecta de “aluvión zoológico”. Debo decir con entusiasmo de estupidólogo que había perdido toda esperanza de volver a leer una estupidez de este calibre en un estúpido contemporáneo. Que obviamente, después andará por los canales de cable hablando de la “matriz autoritaria” del peronismo que te agrede, ¿viste? ¿Hay todavía más? Claro, amigos, nadamos en un manantial de estupidez. En uno de los más ricos yacimientos de estupidez que se hayan descubierto en los últimos tiempos. Que me siga la manada que se viene lo mejor. Pero antes, a disfrutar de este parrafito: “Diego Maradona fue un monumental jugador de fútbol. Pero la fama justificada no da títulos ni derechos ni conocimientos para opinar con absoluta certeza acerca de casi todo y al mismo tiempo desautorizar a todo aquel que no esté de acuerdo con sus ideas.”
Voy a saltearme el párrafo sobre las adicciones de Maradona por piedad. Por piedad a quienes lo escribieron. Hasta el más estúpido merece una pizca de compasión. Sólo digamos que para los profesionales que derraman esta reguera de estupideces, las adicciones de Diego vienen de su narcisismo, que sería “la base de sus penosas afecciones del alma, metáfora de la patología crónica de un país”.
Estamos ante una verdadera maratón de estupidez, y estos participantes se han propuesto no dejar estupidez sin decir. Por eso a veces, el profuso caudal de estupideces deteriora un poco el estilo literario. Sabremos perdonarlo. Valoramos el gesto. El estúpído gesto. Es lindo leer a un profesional de la psiquis hablando de “alma”, emplear mal el término “metáfora” y utilizar figuras ligadas al campo de la salud para referirse a un país. Reconozcamos en esta frase de feúcha sintaxis la capacidad asfixiante de decir casi más estupideces que palabras. De revelarnos de un modo generoso y promiscuo el aceitado andamiaje de estupidez que sustenta estas ideas. No hace falta, por otra parte, abundar sobre la gramática fascistoide que genera el discursito de la patología para describir las cuestiones de la política y de la sociología. Ya sabemos que este estúpido recorrido no es inocente y que termina de modo inevitable en la identificación del tumor que debe ser extirpado del cuerpo social. Estupidez integrista. Estos tipos no se privan de ninguna.
Pero ajústense los cinturones. Nos acercamos a la estupidez mayor.
De toda la lista de estupideces con las que uno debe lidiar día tras día en esta estúpida vida, las que devienen de extrapolar fútbol y sociedad son tal vez mis favoritas. Les he dedicado posteos, ponencias y hasta tesis universitarias. Qué va hacer. Cada uno tiene su tara. Ojalá la mía fuera sólo ésta.
Por lo demás, hay que hacerse cargo de las consecuencias que disparan estas estúpidas comparaciones. Me imagino que los autores de la estupidez en cuestión pensarán que la Copa obtenida por España es el “espejo” (con perdón de la palabra) del éxito de España como país. ¿Alguien podría discutirlo? Mejor dicho, sacando del medio a los millones de desocupados que habitan ese hermoso país socialdemócrata, ¿alguien podría discutirlo? La cosa se complica si vemos que es el mismo país el que atravesando situaciones algo más prósperas trastabilló en los Mundiales del 2006, el 2002, el 98, y así. O que aquel serio y pragmático país conocido como Brasil se fue del Mundial en la misma instancia que Argentina. ¿Fue aquel partido con Holanda “espejo” de que Brasil es una nación que se derrumba al presentarse la primera dificultad? ¿Y qué pasa con EEUU? ¿Cómo es que un país tan pujante, tan al gusto de los que escribieron el texto que nos trae hasta aquí, quedó afuera de tantos y tantos mundiales? ¿Y podrían explicarme cómo puede ser que entre el país pragmático y serio conocido como Uruguay y una republiqueta africana haya habido sólo un tiro en el travesaño de diferencia? OK. Maten a ese espejo.
La estupidez no tiene fin, aunque uno ya empieza a dar muestras de agotamiento. Estos tipos son incansables. Es como si se hubieran bajado un par de frascos del viagra de la estupidez. Y anduvieran por ahí, con su estupidez erecta, sin poder hacer otra cosa de sus vidas que someternos con sus estúpidos sofismas, que violar nuestros tristes intelectos. Y entonces abundan en cómo Maradona recurrió al amiguismo tan típico en el reino de las manadas, que faltó rigor y planificación. “Talento sobraba, salvo que por amiguismo, ceguera, populismo patriotero o sencilla idiotez Maradona decidió no convocar a la mitad de los mejores; no sólo no explotó los recursos que tenía, no los quiso ni ver.”
Es así, viejo, Otamendi de 4 fue una muestra flagrante de populismo patriotero. ¿Cómo se le escapó al filósofo de verano Fernando Iglesias? Alguien que avizora colectivización forzosa estalinista en la 125 no puede dejar de ver eso. Cuánta sopa de estupidez te falta, Fer.
Nos enteramos gracias a estos hombres capaces de ver “la realidad” que Banega nos hubiera cambiado la ecuación mundialista. Es decir, hablando de política pueden ser dos estúpidos, pero de fútbol la saben lunga, ¿no? Y si es serio (seriamente estúpido) tomar los resultados de un Mundial para diagnosticar décadas de la historia de un país, cuanto más será apoyar estas conclusiones en un partidito amistoso con Argentina de local y los muchachos de España viniendo de agitadas noches porteñas, según relatan las malas lenguas. Resulta que el estúpido es audaz. No se apichona ante nada. Desconoce el significado de la palabra “rigor” y jamás permitirá que una duda razonable, un dato, se interponga entre él y un razonamiento estúpido. ¿Habrán visto la performance de Argentina contra Japón estos dos estúpidos? Esperemos que no. Nada más triste que un estúpido contrariado.
El estúpido círculo se va cerrando y llega el tiempo de las conclusiones, que si no fueran de una estupidez gravitatoria nos hundirían en la decepción, ¿o no? Tranquilos: estos tipos no te defraudan: “Cuando llevados por la fantasía se eligen directores técnicos o presidentes o sistemas de características populistas, autoritarios y antidemocráticos, con pocos pies sobre la tierra, el resultado inevitable es el fracaso.” Sí, estúpidos lectores, no miren para otro lado: está hablando de nosotros y de nuestros gobernantes. ¿Quieren algo más específico? “Puede ocurrir nuevamente algo similar con la Argentina misma si los directores técnicos, léase la pareja que lleva siete años en el poder, siguen el camino compulsivamente repetitivo de la tergiversación permanente de la realidad. El endiosamiento de seres Ídolos-Dioses a los que no se debe criticar, como a Perón, Evita, Maradona, Cristina Fernández o Néstor Kirchner, intocables seres sin errores, lleva al fracaso reiterativo y doloroso que arrastra a millones de argentinos al sufrimiento.”
Los tipos saben que les quedan pocas líneas y entonces las estupideces se agolpan presurosas por salir a la luz, se chocan, se apretujan. Maldición. Si sólo este diario español tuviera un formato más vasto. Maldito tabloide. Los tipos se relamen pensando que en un diario inmenso como LA NACIÓN podrían escribir el doble de estupideces. Y no faltara ocasión.
Lo sé, lo sé: veían con desilusión que la catarata de estupideces se terminaba sin hacer mención a esa estupidez historiográfica mayúscula conocida como “el granero del mundo”. Pero he aquí dos profesionales. Nada de lo estúpido les es ajeno. El deseo de volver al país depósito de granos no puede faltar en ningún estúpido del mundo que quiera habitar el subsuelo de la estupidez argentina. Aquellos sí que eran días serios, lejanos de esta “ridícula realidad”. Y por favor, no me vengan con que había pobreza y persecución política. Ese peronista de Bialet Massé y su informe encargado por el populista de Roca no nos engaña.
Se viene el final. La parte en que los supraestúpidos pasan el aviso: el regreso de Maradona a la selección sería tan catastrófico como la reelección de alguno de los Kirchner. “Ellos también piden, pese al fracaso mundialista de su gestión, como el de los regímenes peronistas que los precedieron, que se prolongue su dinastía en las elecciones generales del año que viene. Es probable que lo consigan. Sería la victoria del pensamiento mágico maradoniano, sobre el que el sol de la bandera argentina nunca se pone.”
Final a toda orquesta. Una orquesta integrada por estúpidos, claro. Mi estupidez favorita es la del “fracaso mundialista” de la gestión de los Kirchner. Una estupidez algo hermética, que sólo puede ser entendida por aquellos que llevamos varios niveles de estupidez cursados. Aunque no descuidemos lo de “regímenes peronistas”. Una delicia.
Espero que a partir de ahora, antes de decir cualquier estupidez abreven en este topos uranus de la estupidez y vayan por más. Si lo logran conseguirán que su estupidez editorial sea publicada en más de un diario, que nuestras tías gordas los recomienden, que Van der Koy les haga preguntas, que Lanata los cite. Lograrán, finalmente, inscribir sus estúpidos nombres en las selectas páginas del Guiness de la estupidez. Y entonces sí, podrán salir a la calle con su frente en alto. Y en ella, orgullosamente dispuesto, un refrescante y delicioso helado.




