sábado, 13 de abril de 2013

-¿Cómo estás, Betty?

burro de goma

-No me lo vas a creer, Eduardo, pero estoy muy nerviosa. Hacía una punta de años que no venía a la televisión. Desde 1972, cuando la Liga de Hermanas Solteras presionó para conseguir que nunca se pasara la versión completa de una de mis películas más queridas. El juez dijo que estábamos ofendiendo no sé qué miércoles y el público de mi país se quedó sin poder juzgar una propuesta adulta como “Lujuria, desenfreno y perversión sexual en la Basílica de Luján”. Después de ese tremendo episodio de censura no quise aparecer más en cámara y por suerte así lo entendieron todos los productores de televisión que de hecho no volvieron a llamarme nunca. Pero hoy me invitaron a este maravilloso programa y realmente no podía dejar de faltar. Así que acá estoy. Después de tanto tiempo otra vez en la televisión argentina. ¡Veinticinco años! Lo del color es joda, ¿no? Los técnicos son amorosos pero tenés que bancarte que te hagan chistes todo el tiempo. Como cuando estábamos en plena selva misionera rodando “Taragüí-Apipé: la diosa come boas”. Fue la primera película erótica doblada al guaraní, ¿sabías? ¡Qué paisajes! ¡Qué país que tenemos, Eduardo! Bueno, había una escena en la que los indios me ataban de pies y manos y me tiraban a las cataratas. Una escena emocionante donde el público se volvía loco porque además —te imaginás— yo aparecía toda toda mojada. En realidad yo estaba enganchada de un helicóptero con un arnés. Así que cuando cortaban yo no me caía de veras sino que me quedaba colgando, ¿entendés? Porque Roque me cuidaba. Eso era idea de él. Pero... ¿en qué estábamos? Ah, sí... Los amorosos de los técnicos, en lugar de llevarme enseguidita al set me tuvieron sobrevolando las cataratas una hora y media. ¡Una punta de minutos! Y de abajo me gritaban porquerías los hijos de puta. ¡Qué divinos! Pero era como una gran familia. Nos queríamos, ¿sabés? Eso sí, yo me pegué un jabón tan grande que le pedí a Roque que ahora quería que me consiguiera una doble de riesgo para las partes peligrosas. Las escenas peligrosas. Como en Jólibud. Tal cual. Así que desde ese momento, todas las veces que había que estudiarse mucha letra actuaba ella que era igualita a mí. Era tan parecida que cuando tenía tres tipos encima, ningún espectador notaba la diferencia. Me acuerdo que después de eso le tomé el gustito y le pedí a Roque dobles para las escenas de sexo con animales. Me daba no sé qué, ¿viste? Y Roque, que era como un padre, agarró y compró unos muñecos que venían de un remate de Aduana. Todavía me lo acuerdo a Roque cuando me mostró el burro de goma: “Ahora no van a sufrir más, pobres bichos”— me dijo. Estaba emocionado. Tenía un corazón de oro, el Roque. Con ese preparamos una película para las vacaciones de invierno. Me lo acuerdo bien porque las vacaciones eran la segunda y la tercera semana de julio y nosotros la filmamos la primera semana de julio. ¿Te imaginás? ¡Una semana para filmar una película! ¡Nunca nos habíamos tomado tanto tiempo! Pero él quería hacer las cosas bien. Mi Roque era un perfeccionista. Propiamente un artista. Aprovechamos el burro de goma y entonces hicimos una versión adulta de “Platero y yo” para que los papás dejaran al chico en el cine de al lado y vinieran a verla. ¿Vos la viste? Empieza con mi rostro en un primerísimo primer plano. Miro a cámara con los ojitos brillosos con unas gotitas que me ponía Roque para llorar y entonces digo: “Platero es pequeño, peludo y suave... Muy suave”. Me acuerdo que Roque estaba tirado en el piso apretándome los dedos de los pies con una pico de loro para que yo consiguiera la espresión como de dolor. Y esas son las cosas que el público no sabe porque Roque nunca quiso que se le quitara valor al premio que gané en el Primer Festival de Cine Cochino de la Isla Mauricio. Un premio al que la prensa de acá ignoró por completo porque yo me negué a dar notas a los medios que no me las querían publicar. Yo creo que ya es hora de que la gente sepa quién fue realmente Roque Malavolta. Mi descubridor. El amor de mi vida. Pero, sobre todo, un hombre que luchó contra toda forma de censura. Nada más les pido que piensen lo que significa para una miserable empleada de tienda escuchar la voz de galán de Roque Malavolta diciendo: “Yo te voy a hacer una estrella, te voy a hacer”. Porque yo estaba ahí nomás y escuché perfecto cuando se lo dijo a Estela, mi compañera. Ella siempre tuvo más suerte que yo. Siempre. Hasta esa noche en la que la atropelló una manada de rinocerontes. Pobrecita. ¡Pero también! ¿A quién se le ocurre cruzarse endrogada justo por donde pasa el desfile del Circo de los Hermanos Killer? Yo no sé... A veces la gente es tan... Al otro día me armé de coraje, dejé atrás el orgullo femenino y me apersoné en las oficinas de Malavolta. Le conté lo de la pobre de Estela y de sus últimas palabras pidiéndome que yo tomara su lugar. A mí me pareció escuchar eso por lo menos. No sé. Los rinocerontes hacen un ruido bárbaro. El tiempo pasó. Te mentiría si te digo que ahora soy la misma chica tímida que esa mañana se sonrojaba como loca al revolcarse desnuda por la alfombra de la oficina de Malavolta. No. Ya no soy la misma. Por el medio pasaron muchas experiencias, reconocimientos, éxitos, fracasos y quince operaciones contando la que me hizo hace unos días el Doctor Mouzo para sacarme algunas costillas y poder tener una cintura más sensual. O por lo menos para poder tener una cintura. Muchos médicos hacen eso ahora pero nadie se la piensa como el Doctor Mouzo para aprovechar las costillas que te saca y hacer un sistema interno de poleas que te sostenga el busto. ¿Cierto que no se nota nada? Roque fue el que me mandó la primera vez a lo del Doctor. Y la verdad tengo que decir que él se ocupó de sacarme varios años de encima. Propiamente. Sobre todo los años que van entre el 81 y el 84, cuando estuve inconsciente por un problemita con la anestesia. Eso sí: me desperté como nueva. ¡Como nueva! Pero yo te estaba hablando de Roque. El fue todo para mí. Me acuerdo como usó la sicología para convencerme de ir entrando de a poco en un mundo que de afuera puede parecer un poquito sórdido pero que cuando uno entra se da cuenta de que en realidad es completamente sórdido. Me acuerdo patente cuando entré a un estudio por primera vez y vi lo que estaba pasando y entonces le pregunté a Roque si era necesario que la protagonista y el productor arreglaran el contrato ahí mismo. Delante de todos. Roque me explicó que esa era una escena de la película. Que en el mundo soplaban los vientos de la revolución sexual y que yo estaba entonces con un grupo de artistas revolucionarios. Mi espíritu joven se conmovió tanto con esas palabras que me quise sumar a esa lucha inmediatamente. A los dos días ya estaba filmando mi primera película con el viejo actor Rómulo del Cioppo, que había llegado a trabajar al lado de Margarita Xirgu. Una gloria. La película era muy conmovedora porque hablaba de los problemas de nuestros queridos viejos. Bueno, “hablaba”... No se hablaba mucho en la película. Digamos que se gemía de los problemas de nuestros queridos viejos. Se llamaba “Guarde eso, abuelo”. ¿La viste? Muy buena. Lo primero que me llamó la atención del mundo del cine porno, para qué te voy a mentir, fue la poca diferencia que había entre los momentos de trabajo y los momentos de diversión. Nos invitaban a una fiesta y era como estar filmando otra vez. Incluso me acuerdo siempre de Rita Virardi que un día, cuando estábamos yendo a una de esas reuniones me dijo: “hoy tengo ganas de hacer algo excitante. Quiero probar cosas nuevas...” Y cuando llegó se encerró en la cocina a lavar platos. Es la pura. Al principio, cuesta mucho entrar en el mercado porno, pero con la ayuda de Roque podría decirse que entré como por un tubo, si se me permite la metástasis. Creo que “Nalgas de fuego” fue mi consagración. Nunca me voy a olvidar de las palabras del crítico Simón Coccimano. Me acuerdo que dijo: “Para triunfar en este medio siempre hace falta un poco de suerte y después de verla en ´Nalgas de Fuego´está claro que Betty del Valle tiene una suerte bárbara”. Después de “Nalgas...” vinieron muchos éxitos. “El portón de atrás” que se trataba más o menos de lo mismo. Después hicimos “El abismo negro” que era como otra forma de hablar de lo mismo. Y, claro, después vino nuestro homenaje a Fellini: “Siete y medio”. No te voy a mentir. La idea era muy parecida a la de las películas que habíamos hecho antes. Pero es así, todo artista tiene sus obsesiones, ¿o no? Y Roque era un artista con todas las letras. Y como todo artista, Roque también fue un incomprendido. Cuando empezamos a tener problemas con la censura decidimos llevar nuestro cine a un lugar donde la gente fuera más tolerante con los artistas. A un país de avanzada donde hubiera ese clima de libertad que Roque necesitaba para crear. Nosotros quisimos formar parte de una sociedad que le diera valor a su cultura y donde la educación permitiera ese debate adulto que nuestras películas proponían. Ocho años vivimos en Uganda. Y fue maravilloso. Lo único difícil era conseguir actores blancos. Y vos no sabés las fantasías que tienen las mujeres de Uganda con los blancos. Allá sí que supe lo que era ser una estrella. Una verdadera estrella: autógrafos, cócteles, estrenos, club de fans, programas de entretenimientos en televisión, evasión impositiva. Todo. Es cierto que a veces no podés salir a la calle, pero eso en Uganda no te jode tanto porque la verdad que nadie puede salir a la calle. Y esas son cosas que no te importan cuando a cambio te sentís tan pero tan querido. Te digo más, Roque llegó a ser gerente artístico del canal oficial. Y desde ese lugar empezó una tarea admirable de difusión artística y cultural. En esos pocos años —sin ir más lejos— Uganda pasó a ser el país donde mayor cantidad de gente era capaz de cortar una manzana exactamente por la mitad. Siempre y cuando consiguieran una manzana, claro. Fue divino. Hasta que todo cambió. De pronto, como pasa en cualquier lado, la gente no comprendió las profundas transformaciones que estaba llevando adelante ese gobierno. Para colmo, las nuevas autoridades de ese país de salvajes eran incapaces de entender cómo hacía Roque para contratarse a sí mismo. No se daban cuenta de que una personalidad como le de mi Roque contiene muchas facetas. Y que unas podían contratar los servicios de las otras. ¡Qué bestias! Ahí es cuando uno empieza a darse cuenta de que está extrañando su tierra. Un país hermoso donde no hay problemas religiosos, no hay diferencias raciales, no hay pacto de extradición con Uganda. Pero cuando volvimos a nuestra querida Argentina empezaron tiempos muy duros. Roque se sentía poco reconocido en su país. Pensó en volverse por donde había venido. Pero era demasiado reconocido en Uganda. Ese dolor lo llevó a volcarse definitivamente a la bebida. Y así, de la mano del alcohol, Roque fue convirtiéndose en una víctima fácil de las campañas de un periodismo que la verdad que nunca nos quiso. Lo agarraron de punto, bah. Primero inventaron ese roomance con Susana Giménez. No contentos con eso, hablaron de ese incidente con el perrito de Susana Giménez. Pero ¿a quién se le ocurre que mi Roque iba a enredarse con ese animal insignificante? ¡Y con su perro! Y para colmo de males esa acusación tremenda de que le había transmitido una enfermedad sexual. ¿Se puede ser tan injusto? ¿Por qué nadie dijo nada sobre lo que le costó a Roque curarse el moquillo? Creo que cuando el veterinario le dio el alta, todos entramos a sospechar que los días de Roque estaban contados. Lo supimos por el apuro del médico a la hora de cobrarnos: “No, mañana no. Deme lo que tenga ahora. ¡No importa! ¡Lo que tenga!” A esa altura de los acontecimientos, los homenajes, las notas, los comentarios ya eran totalmente inútiles. Es más: eran totalmente falsos. Yo los pagué uno por uno. Me gasté buena parte de nuestros ahorros sobornando periodistas y comprando espacios en los medios con tal de darle a mi Roque una última alegría en su lecho redondo de muerte. Pero de poco servía ya: “¿Quién es ese idiota?” decía cuando se veía en la televisión o encontraba su foto en las revistas. Roque murió prácticamente solo. La única corona que llegó al velorio fue la de la “Federación de Fabricantes de Burros de Goma”. En los diarios apenas si publicaron un recuadrito confundido entre los avisos de tratamientos para la insuficiencia sexual masculina. ¡Qué ironía! Desde ese día estoy recluida en mi mansión de la Isla Maciel donde salgo solamente para ir a algunos de los ciclos que hacen con las películas de Roque. Salgo tan poco... Pero cuando me invitaron a este programa ni lo pensé. Me saqué la primera ropa que tuve a mano y me vine. Pero volviendo a tu pregunta, Eduardo, te puedo decir que estoy bien. Eso sí: un poquito nerviosa.

jueves, 4 de abril de 2013

#Marzo13






martes, 2 de abril de 2013

Otro 2 de abril

Casa Rosada Azul

Para los argentinos, el 2 de abril es una fecha tenebrosa. Más allá de cualquier reivindicación de tierras, ese día, una dictadura genocida procuró un atajo demencial enviando a miles de pibes a una guerra inganable y en las peores condiciones.

Pero el 2 de abril es también el Día Internacional de Concientización sobre el Autismo. Y de alguna manera, para muchos de nosotros, se ha convertido en la ocasión de evocar otras batallas. Menos definitivas, más íntimas.

Los chicos con trastornos del espectro autista y sus familias deben pelear día a día contra la indiferencia.

Contra el afán de lucro de la educación privada que no quiere problemas. Y la falta de recursos de la educación pública que no sabe qué hacer con ellos. O que supone que integrar es tolerar.

Contra la falta de respuesta de muchas obras sociales y la rapacidad de algunos profesionales que han hecho de este asunto que nos quita el sueño un negocio muy lucrativo.

Contra los encasillamientos y los temores infundados de docentes, padres, vecinos.

Contra el DSM-IV que es a la salud lo que los bombardeos de la OTAN a la paz. Y contra la sombra omnipresente de los laboratorios que consideran que todo se trata con psicofármacos.

Contra la ignorancia de algunos periodistas y el oportunismo de algunos productores de televisión que transmiten mitos sobre un tema que -creen- está de moda.

Contra la insensibilidad y escasez de léxico de políticos, comunicadores y columnistas que entienden que la palabra “autismo” puede dispararse banalmente para describir cualquier situación en la que un personaje o entidad les hable menos de lo que ellos desean.

Los chicos con trastornos del espectro autista y sus familias peleamos contra el cansancio de un presente trabajoso y los miedos de un futuro incierto. Pero confiamos plenamente en que debe haber pocas cosas que valgan más la pena que esta pelea.

Nosotros, que nos reímos de las fechas impuestas, aprendimos dolorosamente que a veces sirven para esto, para hablar del asunto. Nada más. Nada menos.

sábado, 23 de marzo de 2013

En la rutina de su infierno

juicio a las juntas

“He asistido, por primera y última vez, a un juicio oral. Un juicio oral a un hombre que había sufrido unos cuatro años de prisión, de azotes, de vejámenes y de cotidiana tortura. Yo esperaba oír quejas, denuestos y la indignación de la carne humana interminablemente sometida a ese milagro atroz que es el dolor físico. Ocurrió algo distinto. Ocurrió algo peor. El réprobo había entrado enteramente en la rutina de su infierno. Hablaba con simplicidad, casi con indiferencia, de la picana eléctrica, de la represión, de la logística, de los turnos, del calabozo, de las esposas y de los grillos. También de la capucha. No había odio en su voz. (…)

Ante el fiscal y ante nosotros, enumeraba con valentía y con precisión los castigos corporales que fueron su pan nuestro de cada día.

Doscientas personas lo oíamos, pero sentí que estaba en la cárcel. Lo más terrible de una cárcel es que quienes entraron en ella no pueden salir nunca. De éste o del otro lado de los barrotes siguen estando presos. El encarcelado y el carcelero acaban por ser uno. Stevenson creía que la crueldad es el pecado capital; ejercerlo o sufrirlo es alcanzar una suerte de horrible insensibilidad o inocencia. Los réprobos se confunden con sus demonios, el mártir con el que ha encendido la pira. La cárcel es, de hecho, infinita.

De las muchas cosas que oí esa tarde y que espero olvidar, referiré la que más me marcó, para librarme de ella. Ocurrió un 24 de diciembre. Llevaron a todos los presos a una sala donde no habían estado nunca. No sin algún asombro vieron una larga mesa tendida. Vieron manteles, platos de porcelana, cubiertos y botellas de vino. Después llegaron los manjares (repito las palabras del huésped). Era la cena de Nochebuena. Habían sido torturados y no ignoraban que los torturarían al día siguiente. Apareció el Señor de ese Infierno y les deseó Feliz Navidad. No era una burla, no era una manifestación de cinismo, no era un remordimiento. Era, como ya dije, una suerte de inocencia del mal.

¿Qué pensar de todo esto? Yo, personalmente, descreo del libre albedrío. Descreo de castigos y de premios. Descreo del infierno y del cielo. Almafuerte escribió: Somos los anunciados, los previstos si hay un Dios, si hay un punto Omnisapiente; ¡y antes de ser, ya son, en esa Mente, los Judas, los Pilatos y los Cristos! Sin embargo, no juzgar y no condenar el crimen sería fomentar la impunidad y convertirse, de algún modo, en su cómplice.

Es de curiosa observación que los militares, que abolieron el Código Civil y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al ejercicio público de la ley, quieran acogerse ahora a los beneficios de esa antigualla y busquen buenos defensores. No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer.”

 

Fragmento de la crónica que escribió Jorge Luis Borges para EFE tras asistir a una jornada del Juicio a las Juntas.

viernes, 22 de marzo de 2013

Ese cúmulo de aventuradas doctrinas

 papa-francisco-merchandising

“No eres tú el confesionario, ¡oh Papa!, lo somos nosotros; compréndenos y que los católicos nos comprendan.

En nombre de la Patria, en nombre de la Familia, impulsas a la venta de las almas y a la libre trituración de los cuerpos.
Entre nuestra alma y nosotros mismos, tenemos bastantes caminos que transitar, bastantes distancias que salvar, para que vengan a interponerse tus tambaleantes sacerdotes y ese cúmulo de aventuradas doctrinas con que se nutren todos los castrados del liberalismo mundial.

A tu dios católico y cristiano que - como los otros dioses - ha concebido todo el mal:

1. Te lo has metido en el bolsillo.

2. Nada tenemos que hacer con tus cánones, index, pecados, confesionarios, clerigalla; pensamos en otra guerra, una guerra contra ti, Papa, perro.

Aquí el espíritu se confiesa al espíritu.
De la cabeza a los pies de tu mascarada romana, triunfa el odio a las verdades inmediatas del alma, a esas llamas que consumen el espíritu mismo. No hay Dios, Biblia o Evangelio, no hay palabras que detengan al espíritu.

No estamos en el mundo. ¡Oh Papa confinado en el mundo!, ni la tierra ni Dios hablan de ti.

El mundo es el abismo del alma, Papa contrahecho, Papa ajeno al alma; déjanos nadar en nuestros cuerpos, deja nuestras almas en nuestras almas; no necesitamos tu cuchillo de claridades.”

 

Antonin Artaud, Mensaje al Papa, (1925)

miércoles, 20 de marzo de 2013

Carta a los fabricantes de accesorios ridículos *

accesorios

Señores fabricantes de accesorios ridículos:

Ya sabemos cómo funciona este asuntito de la economía de mercado: ustedes inventan un adminículo innecesario y me convencen luego de que ese adminículo innecesario es el que andaba necesitando para cambiar mi vida.

Lo conozco al dedillo, señores fabricantes de accesorios ridículos.

Así fue como compré el osito Teddy, el desodorante para cautivar maduras y hasta voté al FREPASO.

Pero señores, creo que ahora han traspasado todo límite. ¿A quién se le ocurre que la civilización precisa esta serie de accesorios ridículos como la pinza deshojadora de frutillas, el artefacto que secciona una manzana en 6 partes iguales o la tijera para separar porciones de pizza?

Quiero hablarles de un invento revolucionario. Se llama cuchillo. Viene en diferentes tamaños y sirve para hacer todas y cada una de esas tonterías ocupando apenas un sitio en el cajón de los cubiertos. Claro, tiene un problema insoluble: se lo paga una sola vez. Tal vez dos, si se perdió el primero en un duelo orillero.

No invadirán nuestra alacena, señores fabricantes de accesorios ridículos.

¿Quién les dijo además que precisamos un molde para hacer el repulgue de empanadas o una máquina amurada en nuestros azulejos para pelar manzanas? ¿Qué clase de inútiles creen que somos?

Señores fabricantes de accesorios ridículos: deténganse.

No insistan con su estuche para conservar cebollas, su rebanadora de huevos duros o su pelador de ananás.

¿Se dan cuenta que en ese sendero de la especificidad nos veremos un día cubiertos hasta el cuello por un sinfín de instrumentos supuestamente adecuados para cada una de las infinitas acciones humanas? ¿Entienden que tendremos que buscar sitio para los anteojos para espiar vecinas de pisos pares, el guante para boxear jefes cuyo apellido empiece con M o el ineludible zapato para recorrer museos polacos de noche?

Señores fabricantes de accesorios ridículos: les ruego no me atosiguen más con sus mails, sus folletos y sus publinotas. Salvo claro, que estén lanzando el esperado molinillo para pulverizar fabricantes de accesorios ridículos. En ese caso, por supuesto, cuenten conmigo.

* Carta leída en el programa CON QUÉ SE COME del 13 de septiembre de 2012.