lunes, 23 de abril de 2012

Pero no de un país

le piano picasso 2

“(…) Me sentí, por un tiempo indeterminado, percibidor abstracto del mundo. El vago y vivo campo, la luna, los restos de la tarde, obraron en mí; asimismo el declive que eliminaba cualquier posibilidad de cansancio. La tarde era íntima, infinita. El camino bajaba y se bifurcaba, entre las ya confusas praderas. Una música aguda y como silábica se aproximaba y se alejaba en el vaivén del viento, empañada de hojas y de distancia. Pensé que un hombre puede ser enemigo de otros hombres, de otros momentos de otros hombres, pero no de un país: no de luciérnagas, palabras, jardines, cursos de agua, ponientes.”

 

El jardín de los senderos que se bifurcan, Jorge Luis Borges

miércoles, 11 de abril de 2012

Temporal

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El famoso comunicador apeló a toda la creatividad de la que era capaz y dijo: “Amigos, el tiempo es tirano”. Un error. Los grupos temporales de tareas no tardaron en actuar. Y fue apenas el comienzo de la pesadilla.

Pronto, denostar al tiempo pasaría a ser el peor de los delitos. Comentarlo, dejaría de ser una tonta actividad de ascensor para convertirse en heroico rito de catacumbas.

Los pronosticadores optaron por hablar de “clima”, para no ponerse a abrir juicio alguno sobre los humores imprevisibles del “tiempo”.

Las parejas dejaron de pedirse “un tiempo” y se multiplicaron exponencialmente las peleas y las reconciliaciones. Incluso el mismo día. Incluso en la misma habitación. Incluso con sinceridad.

Dicen que una señora de sonrisa quirúrgica quiso arengar a su empleada diciendo “al mal tiempo buena cara”. Pero que nunca llegó a decir “buena cara”.

Los cronistas deportivos, adictos a la sinonimia, no dudaron en dividir los partidos en “dos períodos”, “dos fases”, “dos etapas”. Los más audaces llegaron a hablar de “dos hemiciclos”. Incorregibles.

Pocos se atrevían a juzgar la extensión de este mandato. “Tiempo al tiempo” fue la frase escrita en el canto de las monedas. Monedas grandes de minutos. Monedas chiquitas de segundos.

Los locutores acomodaticios no dudaron en asegurar que “El tiempo es oro”. Un modo mucho más obsecuente de apurarse.

La persecución se hizo cada vez más detallada. Hacer tiempo, por ejemplo, propiciaba la expulsión inmediata de los arqueros. La impuntualidad fue incluida en las páginas del Código Penal. Las muñecas desprovistas de relojes fueron sistemáticamente amputadas.

Y a los niños que no se sabían la hora se los asustaba diciéndoles que serían tronchados en las agujas puntiagudas de los relojes de iglesia. (La iglesia posee, en cada época, el monopolio de la crueldad.)

A nadie más le estuvo permitido disponer del tiempo de los otros. Las chicas por hora, pasaron a cobrar por objetivo. Cosa que las prostitutas ya practicaban hacía tiem… Bueno, hacía mucho.

Cualquier juicio sobre la duración de las cosas fue reprimido: hablar de “poco o mucho tiempo” pasó a ser una osadía. El tiempo siempre debía ser considerado “justo”.

¿Hay que aclarar que no había oposición alguna al accionar incontenible del tiempo? Los escasos focos rebeldes fueron bombardeados. Con bombas de tiempo. Y los cirujanos plásticos debieron partir al exilio. Se entendía su actividad como una absurda forma de cuestionar la labor del tiempo. Su autoridad.

La expresión “un tiempo razonable” dejó de escribirse o pronunciarse. Aunque algunos aseguran haberla oído cerca de una cama de torturas.

Pero un día, súbitamente, aquel impiadoso régimen cayó. No fue una revuelta ni un golpe militar lo que dio por terminado el cruento episodio. Fue la amarga constatación de que el tiempo, aún el poderoso tiempo, alguna vez, se termina.

viernes, 6 de abril de 2012

En presente, en tercera y sin adjetivos

libros
Qué: Es un curso de introducción a la escritura dramática. Un recorrido en el que te presentamos algunas herramientas necesarias para entrar al mundo del guión y la dramaturgia. Y que te enseña a usarlas. La idea es trazar juntos un mapa de la escritura dramática y ponerte en movimiento en ese territorio. Intentar sacarse el miedo y las dudas a la hora de encarar esa idea que te anda dando vueltas por la cabeza. O ayudarte a buscarla.

Cómo: 12 encuentros dirigidos a quienes no tengan experiencia en el campo de la escritura dramática. O hayan tenido una experiencia desagradable. Puede pasar.
El corazón del curso es teórico: se intentará desplegar el conjunto de conceptos básicos con los que se trabaja a la hora de encarar un texto dramático y conocer las especificidades de los diversos soportes y géneros. Sin embargo, también habrá componentes de taller con ejercicios de escritura que sirvan para bajar cada herramienta al bendito papel.
La tercera pata del curso es audiovisual: material que brinde ejemplos (y contraejemplos, claro) de cada tema abordado.

Quiénes: El curso lo damos Andrés Rapoport y el sujeto que escribe este blog. Ambos venimos rodando por los derroteros de la TV y el teatro hace unos cuantos años. (Vale Googlearnos).

Cuándo: Los sábados, de 11:30 a 13:30, a partir del 21 de abril.

Dónde: Gurruchaga 2122, Palermo, CABA. Información e inscripción en elcrucenuevoencuentro@gmail.com

Por qué: Vos sabrás. Tampoco podemos decirte todo.

domingo, 1 de abril de 2012

#Marzo































lunes, 26 de marzo de 2012

Azul

autismo

Para los argentinos, el 2 de abril es una fecha tenebrosa. Más allá de cualquier reivindicación territorial, ese día, una dictadura genocida procuró un atajo demencial enviando a miles de pibes a una guerra inganable y en las peores condiciones.

Pero el 2 de abril es también el Día Internacional de Concientización sobre el Autismo. Y de alguna manera, para muchos de nosotros, se ha convertido en la ocasión de evocar otras batallas. Menos definitivas, más íntimas.

Los chicos con trastornos del espectro autista y sus familias deben pelear día a día contra la indiferencia.

Contra el afán de lucro de la educación privada que no quiere problemas. Y la falta de recursos de la educación pública que no sabe qué hacer con ellos. O que supone que integrar es tolerar.

Contra la falta de respuesta de muchas obras sociales y la rapacidad de algunos profesionales que han hecho de este asunto que nos quita el sueño un negocio muy lucrativo.

Contra los encasillamientos y los temores infundados de docentes, padres, vecinos.

Contra el DSM-IV que es a la salud lo que los bombardeos de la OTAN a la paz. Y contra la sombra omnipresente de los laboratorios que consideran que todo se trata con psicofármacos.

Contra la ignorancia de algunos periodistas y el oportunismo de algunos productores de televisión que transmiten mitos sobre un tema que -creen- está de moda.

Contra la insensibilidad y escasez de léxico de políticos, comunicadores y columnistas que entienden que la palabra “autismo” puede dispararse banalmente para describir cualquier situación en la que un personaje o entidad les hable menos de lo que ellos desean.

Los chicos con trastornos del espectro autista y sus familias peleamos contra el cansancio de un presente trabajoso y los miedos de un futuro incierto. Pero confiamos plenamente en que debe haber pocas cosas que valgan más la pena que esta pelea.

Por eso, el domingo 1ro de abril, a las 18, nos encontramos en Plaza de Mayo para levantar una mano que sobresalga en la avalancha de lo urgente que ordena el paisaje de los medios.

Dicen que habrá un Cabildo iluminado de azul. Ojalá nos acompañen.

sábado, 3 de marzo de 2012

Bienvenidos a la Semioticracia

semiotica

Ya no nos importa lo que usted diga. Sólo nos ocupa cómo lo dice, por qué y para qué.

“¿Es usted un bañista arrastrado por la corriente que grita “auxilio”? Bueno, a ver… Para empezar, no nos gusta que nos grite, ¿sabe? Aclarado el punto, conocemos su historia y sabemos que alguna vez ha mentido así que, ¿por qué no pensar que esta es otra de sus mentiras? Además, ¿por qué grita “auxilio” y no “socorro”? Raro, ¿verdad? Reflexionaremos y debatiremos (entre nosotros) sobre este punto mientras usted se ahoga.”

Así reza el preámbulo de la Carta Magna que funda nuestra Semioticracia. Lo repetimos rítmicamente mientras en despachos y redacciones, reemplazamos las imágenes de los viejos próceres por las de otros flamantes. San Martín deja su lugar a Saussure, Belgrano a Benveniste, Sarmiento a Pierce. Y ya hay jóvenes con calcomanías de Eco y cartucheras de Barthes. ¿Los vieron?

Se sabe de gente que no saldría de su casa si el medio X le dice que su casa se está incendiando. No condenemos esa desconfianza, por demás merecida. Aunque puede llamar la atención que la misma haya obturado el más básico instinto de supervivencia que recomendaría fijarse, primero, si tal cosa no es cierta. Y en todo caso, después, pasar a rociar con nafta el medio X.

Pero así somos los habitantes de la Semioticracia: pertinaces buceadores de charcos. Por buscar denodadamente lo que hay detrás ya ni le echamos un vistazo a lo de adelante. Así sean las luces de un auto que se aproxima a toda velocidad.

Un día pasamos de la más zonza fe en la transparencia de los discursos mediáticos a esta retorcida manera de escuchar, ver, leer, que arranca como crítica y no tarda en deslizarse hacia la pesquisa policial. Buscamos la connotación de la connotación de la connotación. Aún frente a los carteles de prohibido estacionar, las puteadas, las declaraciones de amor.

Nuestros periodistas pasaron de ser todos insospechables a ser todos sospechosos en un abrir y cerrar de ojos, de prontuarios. Una estupidez aquello y esto. Nada es tan sencillo. Y es una suerte.

Las gramáticas de producción de un discurso son una instancia insoslayable a la hora de analizarlo. Pero creer que allí se agota todo el asunto resulta inadmisible, estrecho, arcaico y, por qué no decirlo, digno de alguna suspicacia.

Se celebra el abandono de aquellas supersticiones que colocaron al periodismo en un altar absurdo. Y gratifica saber que no volverán. Pero tal vez haya llegado el momento de preguntarse si en este movimiento necesario e incontenible, no nos estamos pasando de rosca. Si queremos ser lectores críticos, despiertos y profundos o deseamos sencillamente vivir en una Semioticracia, ese extraño territorio en el que los nativos matan a los mensajes y leen los mensajeros.