sábado, 19 de marzo de 2011

Pescaditos

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El secreto es no cortar el pescado de un tamaño mayor al de la espátula con la que debes darlo vuelta, dijo Li Chun con su estrecha mirada perdida en el horizonte. Y bajó del tren. El pequeño auditorio quedó en silencio, reflexionando a más no poder.

Esa misma tarde, Roberto llegó a la conclusión de que era un esfuerzo inhumano sostener su relación con Zulma, una mujer cuya belleza lo excedía. Que no alcanzaba con haberla conquistado: la vida a su lado sería una constante inquietud, un estado de sufrimiento por el permanente temor a perderla. Y la despidió con un frío mensaje de texto.

Al mismo tiempo, Lucía dejó de vacilar y rechazó ese trabajo en el exterior que mejoraba su vida de un modo que asustaba. Era evidente que no estaba preparada para tanto, que la oferta era un error que se develaría con sus primeros desempeños. Y se resignó con alivio a su apacible rutina de secretaria de un escribano.

Enrique decidió que lo mejor era probarse en un club de la B Metropolitana, contra el ansioso consejo de sus entrenadores, amigos y vecinos que lo imaginaban en un grande de la Capital. No estaba listo para enfrentar la frustración. Ahora lo entendía claramente.

Laura se desprendió de todos sus libros. Después, de sus discos. Y finalmente, de todas sus posesiones. Nada que no entre en este bolso de mano puede ser importante, se repitió segundos antes de darle su bolso de mano a un pibe que se acercó a preguntarle la hora.

Li Chun ignoraba todo esto. Sería por eso que no lo invadía ningún sentimiento de culpa aquella noche, mientras cumplía con su trabajo de minutero en el bar de la estación. Y era increíble, jamás, pero jamás, se le deshacía el pescado al darlo vuelta.

martes, 15 de marzo de 2011

UN HOMBRE REGRESA A SU CASA

Un hombre regresa a su casa. A la casa donde vive hace muchos años con su mujer y sus hijos. Regresa a su casa. Pero al llegar no encuentra nada. No hay casa, no hay esposa, no hay hijos. Se va del lugar pensando "Yo tenía una casa, una esposa, hijos... ¿Me lo habré imaginado? ¿Habré imaginado todas estas cosas del mundo?"—se dice. Y se va.

LA AUSENCIA DE TODAS LAS COSAS
Miércoles a las 21, teatro EL CUBO

lunes, 14 de marzo de 2011

Dónde Caerse Muerto – 3 *

(Teatro político por entregas. O viceversa)

cementerio praga3

3.

Cementerio. Noche. Ricardo se disponía a tener una cena romántica con su novia junto a la tumba de sus padres. Pero el chico del delivery de pizzas le anuncia que el capitalismo ha llegado a su fin y que deben abandonar el lugar: las masas se acercan. Ricardo está furioso.

RICARDO: Escuchame, boludito. Yo no sé con qué se dan acá en el cementerio, pero si no me vas a dar la pizza tomatelás. Dejame en paz. ¿A qué mierda viniste?

MUCHACHO: Vine porque sabía que usted iba a estar aquí y quise avisarle que venían las masas.

CLAUDIA: ¿Van a hacernos daño?

MUCHACHO: Y... usted sabe cómo son las masas...

CLAUDIA: Qué dulce, Ricardo... El chico vino a salvarnos.

MUCHACHO: Endurecerse sin perder la ternura, señorita.

RICARDO: ¿Y se puede saber qué quieren ahora las masas?

MUCHACHO: ¿Qué van a querer? Las tierras, señor. Vamos a socializarlas.

RICARDO: ¿Van a socializar las tierras? ¡Pero esto es un cementerio!

MUCHACHO: Son las tierras con menos custodia que encontramos y creemos que va a ser un buen golpe de efecto. Vamos a crear un foco revolucionario en el cementerio...

RICARDO: Pero esto está lleno de muertos...

MUCHACHO: Hay que asumirlo. Toda revolución tiene sus muertos. No sé de qué se sorprende.

RICARDO: Ustedes no pueden hacerme esto. Yo no voy a dejar estas tierras. Acá están mis padres. Esta es la tierra que ellos me legaron. Jamás olvidaré ese día. Yo cumplía 18 años y papá me subió al auto. Como era una sorpresa, me subió con los ojos vendados. La cara contra el piso. Me dijo que íbamos a ir buscar mi regalo. Y después de andar varias horas para desorientarme, para sorprenderme, estacionó su Ford Falcon en la puerta de este cementerio y me trajo hasta aquí. Y me dijo: "Hijo, estas tierras serán tuyas. Aquí yace tu madre. Junto a ella, algún día descansará mi cuerpo inerte. Muy pronto. Y este pequeño espacio verde es para vos, querido hijo. Esta será tu parcela". Mi padre era un gran padre. Él pensó en mi futuro.

Claudia se seca las lágrimas con la falda del vestido.

CLAUDIA: Me hiciste llorar, Ricardo... Ahora te quiero.

MUCHACHO: ¿Ahora? ¿Qué? ¿Antes no lo quería?

CLAUDIA: No lo sé... Hay muchas cosas que no sé: estoy aprendiendo.

RICARDO: No me dijiste nada.

CLAUDIA: ¿No? Se me pasó... Son tantas cosas.

Se escuchan disparos de armas de fuego, a lo lejos.

RICARDO: ¿Y eso?

CLAUDIA: ¡Qué ruido!

MUCHACHO: Son las masas. Se acercan.

RICARDO: Pero entonces... están armados.

MUCHACHO: Claro. Esto no es chiste, señor. Se acabó la etapa de construcción contrahegemónica. Ingresamos a la etapa político-militar.

RICARDO: ¿Cuándo?

MUCHACHO: A las diez menos cuarto, más o menos.

RICARDO: Van a matarnos, Claudia.

CLAUDIA: No te preocupes: es como ir a un lugar lejos, nada más.

Ricardo se toma el pecho. El muchacho abre la caja de su bicicleta y saca unas cajas de pizza.

MUCHACHO: Yo traje unas pizzas de más que ya no voy a llevar. ¿Por qué no comemos algo y tratamos de razonar un poco?

RICARDO: Me va a hacer bien comer algo.

CLAUDIA: Comamos. No es bueno viajar con hambre.

RICARDO: No, no... No es bueno...

Ricardo, Claudia y el muchacho de la pizzería se acomodan en la mesa. El muchacho abre las cajas de pizza y reparte una porción para cada uno.

MUCHACHO: A cada uno, según sus necesidades

CLAUDIA: Usted no tiene copa señor...

MUCHACHO: Enguels. Me llamo Enguels.

RICARDO: Ah, bueno... Lo que faltaba.

MUCHACHO:/ENGUELS: ¿Algún problema?

RICARDO: Para nada. Llámese como quiera.

CLAUDIA: Igual no tiene copa.

Enguels toma el florero vacío.

ENGUELS: Me arreglo con esto. No se preocupe. Quiero que brindemos por la Revolución.

RICARDO: Dejate de joder, nene.

ENGUELS: Es así, señor. Hay cosas que no se pueden frenar. Usted no sabe lo feliz que está toda esa gente.

A lo lejos se escuchan más disparos. Gritos aislados. Una risa.

RICARDO: Me parece que esa gente no entendió las profundas transformaciones que tuvieron lugar en nuestro país. ¿Qué quieren? ¿Salirse del mundo?

CLAUDIA: Están locos. Afuera del mundo no hay oxígeno. Yo lo vi en un documental. Tendríamos que ponernos todos esos trajes blancos que usan los que van a la Luna.

ENGUELS: ¿Los astronautas?

CLAUDIA: Eso... ¿Sus amigos tienen suficientes trajes de astronautas para todos?

Enguels la mira fijamente. Sonríe. Silencio.

RICARDO: ¿Más vino?

ENGUELS: No, gracias. Debo estar sobrio para cuando llegue el momento de tomar el poder.

CLAUDIA: ¿Usted ya fue al espacio, señor Enguels?

Ricardo se toma el pecho.

RICARDO: Ay.

Ricardo saca un frasco del bolsillo de su saco y toma varias pastillas.

ENGUELS: En realidad, no. Pero lo vi en muchas películas.

CLAUDIA: Qué hermoso es, ¿verdad? Allí hay lugar para todo.

ENGUELS: Hay espacio. Lugar es lo que sobra.

CLAUDIA: ¿Y lo que falta? ¿Qué es lo que falta entonces?

ENGUELS: Justicia, señorita. Que todos puedan dar según sus posibilidades y recibir según sus necesidades.

CLAUDIA: Qué linda frase. Me parece que la escuché en una propaganda... ¿De qué era?

RICARDO: Propaganda marxista. Hay por todos lados.

Pausa. Enguels y Claudia miran a Ricardo que se afloja el nudo de la corbata.

ENGUELS: Ricardo, creo que tendría que pensarlo. Por su bien le digo. Deje el cementerio. Váyase.

RICARDO: No puedo dejarlo. ¿Y mis padres?

ENGUELS: No sea sentimental. Usted sabe bien que de sus padres ya no debe quedar nada.

RICARDO: Eso es muy cruel.

ENGUELS: Es la verdad. Llévese las lápidas si quiere. No creo que nos sirvan.

RICARDO: Igual. No puedo irme de acá. No puedo. Este pedazo de tierra es todo lo que me queda en el mundo.

CLAUDIA: ¿Y yo?

RICARDO: Me refiero a todo lo valioso que me queda en el mundo.

CLAUDIA: ¿Tuviste algo alguna vez?

RICARDO: Nada.

ENGUELS: Bueno, le queda el auto con el que vino hasta aquí. Lo vi ahí afuera.

RICARDO: No es mío. Lo robé.

ENGUELS: ¿Lo robó?

RICARDO: Sí. Lo único que tengo es esta parcelita. Por eso me vine. Pensaba quedarme a vivir acá.

ENGUELS: ¿Vivir en un cementerio? Eso es imposible.

RICARDO: ¿Usted me habla de imposibles?

 

(continuará)

* Dónde caerse muerto está publicado en la antología “Autores en construcción I”, (Libros del Rojas, Editorial Nueva Generación).

domingo, 6 de marzo de 2011

Dónde Caerse Muerto – 2 *

(Teatro político por entregas. O viceversa)

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Cementerio. Noche. Ricardo invitó a Claudia a tener una cena romántica junto a la tumba de sus padres. Para decepción de ella, no habrá pato. Apenas pizza.

Llega el muchacho del delivery en su bicicleta. Se detiene junto a ellos.

RICARDO: Por fin, querido.

Ricardo mira a Claudia.

RICARDO: Llegó la comida, mi amor.

CLAUDIA: Este chico es lo más distinto a un pato que vi en mi vida.

Pausa. Ricardo y el muchacho se miran. Ricardo se toca el pecho.

RICARDO: ¿Trajiste la pizza?

MUCHACHO: Sí.

Pausa. Ricardo observa al muchacho.

RICARDO: ¿Y? Dámela...

MUCHACHO: No.

RICARDO: Cómo que no... Dámela. ¿No la trajiste?

MUCHACHO: Sí.

RICARDO: Dámela, entonces. ¿Me estás gastando?

MUCHACHO: Es que no puedo. Ya no puedo dársela.

RICARDO: ¿Qué? ¿Se enfrió? Dámela igual, nene. Me cago de hambre.

MUCHACHO: No, no es eso. Es que para dársela yo tendría que seguir siendo el empleado de la pizzería. Y ya no lo soy más. El régimen capitalista de producción acaba de ser abolido.

RICARDO: ¿Qué te pasa, flaco? ¿Estás bien vos?

MUCHACHO: Yo estoy bien. Muy bien. ¿Cómo no voy a estarlo el día que el capitalismo ha muerto?

CLAUDIA: Ricardo...

Ricardo en voz alta.

RICARDO: Ya sé...

Ricardo habla con la voz aguda..

RICARDO: "¿Qué es el Capitalismo?"

CLAUDIA: No... ¿Qué es "muerto"?

RICARDO: ¡Otra vez con eso! Estar muerto es como... Como haberse ido a un lugar que está lejos. Muy lejos. Como hicieron mis padres.

CLAUDIA: Pero cuando decís lejos... Decís, ¿cuánto? ¿Mucho? ¿Muy lejos?

RICARDO: Lejísimos.

CLAUDIA: Pobres... Viajar. Tan lejos. A esa edad en la que uno debería dejar de hacer todo. Seguir y seguir... ¿Hasta cuándo vamos a tener que hacer todas estas cosas a las que llaman vivir? Cualquier día de estos cierro los ojos y desaparece todo... ¡Todo!

Ricardo habla mirando hacia arriba. Se frota la cara con nerviosismo. Levanta la voz.

RICARDO: ¿Qué hice yo de malo, eh? ¿Cuál fue mi error? ¿Me estás castigando? ¿A mí? ¿A mí?

Claudia y el muchacho miran hacia arriba buscando al interlocutor de Ricardo.

RICARDO: Yo lo di todo por este bendito país. Trabajo desde que tengo 6 años. Yo puse mi videoclub, mi pool, mi cancha de paddle, mi lave-rap, mi parri-pollo, mi locutorio... Lo intenté todo. ¿Qué más tengo que hacer? ¿Qué más?

Claudia mira al muchacho.

CLAUDIA: ¿Hay alguien subido al árbol?

MUCHACHO: Me parece que quiere hablar con Dios...

CLAUDIA: ¿Dios está subido al árbol? ¿Qué clase de criatura es?

MUCHACHO: Dios es... El opio de los pueblos.

Ricardo se quita el saco y lo arroja con fuerza sobre la mesa. Se rompen algunas copas. El muchacho y Claudia se quedan mirándolo.

RICARDO: Cállense, hijos de puta. ¡Cállense!

Ricardo se toma el pecho, se inclina hacia delante y flexiona las rodillas.

MUCHACHO: Señor, señor... ¿Le pasa algo?

CLAUDIA: No. Siempre hace eso...

RICARDO: El pecho... La pastilla... El saco...

CLAUDIA: No le entiendo. Cuando construye esas oraciones sin verbo me saca de las casillas.

El muchacho toma el saco de Ricardo y saca unos cuantos frascos pequeños.

MUCHACHO: ¿Cuáles son, señor? ¿Las rojas o las azules?

RICARDO: Las rojas...

MUCHACHO: ¿Las redondas o las alargadas?

RICARDO: Las redondas, las redondas...

MUCHACHO: ¿Las grandes o las chiquitas?

RICARDO: ¡Cualquiera, dame cualquiera, hijo de puta!

El muchacho le alcanza a Ricardo uno de los frascos. Ricardo lo abre. Tira varias pastillas sobre la palma de su mano y se sirve vino en una de las copas.

MUCHACHO: No, con alcohol no... ¿Está loco?

RICARDO: No hay agua...

MUCHACHO: Espere.

El muchacho toma el florero de una de las tumbas y le saca las flores. Toma la copa, arroja el vino y le sirve el agua del florero.

MUCHACHO: Tome...

RICARDO: Está sucia...

MUCHACHO: Mejor que se vaya olvidando de esos lujos. Tomar agua limpia y todas esas costumbres burguesas deben terminarse... Es más, yo les diría que se fueran de acá lo antes posible.

CLAUDIA: ¿Por qué? Este lugar es muy tranquilo.

MUCHACHO: No queda mucho tiempo. Váyanse. Yo sé lo que les digo.

RICARDO: ¿Se puede saber qué carajo pasa?

MUCHACHO: Las masas están cerca. Llegó la hora.

CLAUDIA: ¿La hora de qué?

MUCHACHO: De la revolución, señorita. Las condiciones están dadas. El desarrollo de las fuerzas productivas alcanzó ese punto en que cuestiona de un modo radical el modo de producción vigente...

RICARDO: Este pendejo está loco.

CLAUDIA: No entiendo. ¿Qué es "loco"?

(continuará)

* Dónde caerse muerto está publicado en la antología “Autores en construcción I”, (Libros del Rojas, Editorial Nueva Generación).

sábado, 5 de marzo de 2011

La manzana rodeada

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Se dan todos los días una ducha de agua bendita. Te enseñan a vivir. Te pican el boleto en la puerta del bondi de lo popular. Te hacen 14 informes por un chiste que les pareció incorrecto. Y allá van. Los dueños de todo lo bueno y copado del mundo, trazando una línea que muchas veces no distingue a movileros de dueños de medios oligopólicos. A asesinos de tipos que piensan diferente. A traidores de gente que duda. Duda.
Pero un día, tarde o temprano, les pasa, viene el dueño del medio, o una entidad que lo representa, o el señor que pone la teca, y les dice, es común, invitame a tal. Saca un disco, arranca un programa, estrena peli. A tal. Nosotros los impuros, los que vivimos de esto hace rato, sabemos que eso pasa. Y entonces lo hacés. Medís tu límite ético, estético, y si eso no se vulnera decís que sí, preservando el espacio para decir otras cosas que te gustan más y también, por qué no, tu laburo.
Pero claro, los tipos que se ceban mates con  aguas del Ganges, los que monopolizan el sello IRAM de lo Nac & POP, para ellos, eso debe costar más, ¿no? Si son de los que se la pasan pontificando, eso queda feo. Yo los entiendo. Aunuque queda feo. Lo que pasa es que, lo sé, vino el tipo de la valija o el dueño y se los pide. Y entonces descubrimos que ellos, los mejores de todos nosotros, esos faros de progresismo popular que nos guían sin pausa hacia un mundo mejor, tienen límites éticos y estéticos mucho más flexibles que los de nosotros los sucios. Y un día, para hablar del Mundial, llevan a un periodista recanchero, soslayando que fue también el vocero del EAM 78. Y otro día, o mejor, una vez por año, llevan al bufón del menemismo, al vaciador de canales públicos, al de las películas bobas que matizaron el ocio de la dictadura. Es duro de explicar, pero yo los entiendo, che. Las cosas son más complejas de cómo las presentan los informes que ellos mismos hacen. Los entiendo de veras. Eso sí, por favor, ¿podrían bajar el dedito cuando me hablan? Gracias.

sábado, 26 de febrero de 2011

Dónde Caerse Muerto – 1 *

(Teatro político por entregas. O viceversa)
cementerio praga
PRIMER ACTO

Cementerio. Ocho lápidas, algunas cruces, floreros. A lo lejos pueden verse unos monumentos. Por todos lados hay candelabros pequeños con velas. Algunas velas adheridas al fondo de vasos y otras directamente clavadas en la tierra. Entre dos lápidas, hay una mesa servida. Sobre la mesa se ve un candelabro con velas encendidas, una botella de vino blanco en un balde con hielo, dos platos, dos juegos de cubiertos, dos juegos de copas. Junto a la mesa hay dos sillas. Un centro de mesa con flores de plástico amarillas. Una de las dos lápidas ubicadas a ambos lados de la mesa tiene la foto de una anciana y apoyado a su lado hay un radio grabador. Al otro lado de la mesa, se ve una lápida con la foto de un hombre calvo con un parche en un ojo. Sobre la tumba hay colocado un florero con flores de plástico amarillas.
Pasa un muchacho en una bicicleta. Tiene una barba irregular y pelo largo. Lleva puesto un uniforme de color rojo que tiene en la espalda el logo de una pizzería y un número de teléfono.
Una bandada de murciélagos sobrevuela el lugar.
Entre las tumbas hay árboles pelados. Secos. Adentro de los troncos huecos se ven luces de luciérnagas.
Calor.
Luna llena de color anaranjado.
Pasos y voces que se acercan.
Pasa el muchacho de la pizzería.
Olor a flores descompuestas.
Un hombre —Ricardo— llega hasta donde está el radio grabador. Se agacha y toca con su dedo el botón de Play. Suena "Extraños en la noche", en la versión de Frank Sinatra. Ricardo se pone de pie y, al compás de la música, camina hacia una de las sillas. Prende un cigarrillo. Se quita el saco y lo lleva sobre el hombro. Lo cuelga en el respaldo de la silla. Se sienta.
Ricardo es bajo, relleno, tiene entradas muy pronunciadas en la frente y el pelo largo atrás de color anaranjado artificial. Lleva lentes de sol a modo de vincha. En su muñeca izquierda lleva puesto un reloj dorado.
Usa un traje oscuro con hombreras, corbata amarilla, medias blancas y un pañuelo a lunares que asoma por el bolsillo superior del saco. Tiradores. Zapatos brillosos.
La mujer —Claudia— se acerca hasta quedar a 3 metros de la mesa. Se detiene. Se queda mirando. Lleva puesto un vestido largo y con su mano sostiene la falda. Está descalza y lleva un par de zapatos de taco en la mano. Tiene las medias corridas. Lleva una cartera roja pequeña.
RICARDO: Si no te molesta, me voy a sentar al lado de papá.
Silencio.
RICARDO: Dale. Sentate. ¿Qué esperás?

CLAUDIA: No llegaron todavía.

RICARDO: ¿Quiénes?

CLAUDIA: Tus papás.

RICARDO: ¿Cómo que no? Hace un montón que están acá.

CLAUDIA: ¿Dónde?
Ricardo señala las tumbas.
RICARDO: Ahí. ¿No los ves?
Claudia mira con atención la tumba del padre.
CLAUDIA: Yo no los veo.
Ricardo se pone de pie. Se dirige hasta la lápida y se arrodilla junto a ella. La abraza. La acaricia.

RICARDO: Acá, nena...
Ricardo mira a la lápida.
RICARDO: Papi, te presento a Claudia... Es mi novia.
Claudia se acerca despacio. Se arrodilla. Pone su mano en la cabeza de Ricardo.
CLAUDIA: Pobrecito, mi amor...
Le acaricia la cabeza.
CLAUDIA: Ricardo...

RICARDO: ¿Qué?

CLAUDIA: Ese no es tu papá.

RICARDO: Para mí, sí.

CLAUDIA: No, perdoname pero te lo tengo que decir... Esa es una foto.
Pausa. Ricardo la mira. Se rasca la cabeza.
CLAUDIA: Te lo digo porque ya vi otras. Y me explicaron que las fotos de las cosas no son las cosas.

RICARDO: No entiendo. ¿Qué me querés decir?

CLAUDIA: No es fácil. A ver si te lo puedo explicar... Yo no sé cómo es que lo hacen, pero es como si la cosa estuviera en un papel... Tengo una en la cartera, ¿querés ver?

RICARDO: ¿Una qué?

CLAUDIA: Una foto.
Ricardo levanta la voz.

RICARDO: Claudia... Ya sé lo que es una foto.
Claudia señala la foto de la tumba.
CLAUDIA: Bueno... ¿no te parece igual a esto?

RICARDO: Sí, Claudia. Justamente porque esto también es una foto.

CLAUDIA: Entonces no es tu papá... La foto no es tu papá. ¿Lo entendés?

RICARDO: Claro. No soy estúpido.

CLAUDIA: No lo digas así. A mí me costó mucho comprender una cosa semejante.
Ricardo se toma el pecho y cierra los ojos.
RICARDO: Ay. Me siento mal.

CLAUDIA: Te impresionaste, mi amor. Qué mundo extraño.

RICARDO: ¡Basta, Claudia! Vas a matarme...

CLAUDIA: A... ¿Qué?

RICARDO: Nada... No importa.
Pausa.
CLAUDIA: Y ¿qué vamos a comer?

RICARDO: Pizza.

CLAUDIA: ¿Pizza? Pero vos me habías prometido otra cosa.

RICARDO: Ya sé. Pero no todo el mundo acepta venir hasta acá para traerte la comida.

CLAUDIA: ¿Qué tiene de malo este lugar?

RICARDO: Hay muertos.

CLAUDIA: Otra vez con eso.

RICARDO: Además, es de noche.

Pausa.

CLAUDIA: Sabés que yo quería comer pato.

RICARDO: Sí, mi amor. Hubiera sido ideal para nuestra cena romántica. Velas. Música. Vos. Yo...

CLAUDIA: Pato...

RICARDO: Lo importante somos nosotros. ¿No sentís que, cuando estamos juntos, las cosas pasan a un segundo plano?

CLAUDIA: La verdad, nunca me pareció que las cosas estuvieran en un primer plano.
Pausa.
RICARDO: A veces me gustaría saber qué sentís...

CLAUDIA: ¿Ahora?

RICARDO: Sí, ahora.

CLAUDIA: Frío. Hace un poco de frío, ¿no?
RICARDO: Es cierto.

CLAUDIA: También tengo hambre.

RICARDO: Hambre.

CLAUDIA: Sí. Hambre de pato.
Pausa.
RICARDO: ¿Te acordás el día que nos conocimos?

CLAUDIA: Si me acuerdo "del" día que nos conocimos, querrás decir.

RICARDO: Eso... ¿Te acordás?

CLAUDIA: Por supuesto: fue martes.

RICARDO: Sí. Y qué más...

CLAUDIA: Nada más: fue martes. Al otro día fue miércoles, pero ya te conocía. Se conoce una vez. O nunca.

RICARDO: Fue uno de los días más importantes de mi vida.

CLAUDIA: ¿En serio?

RICARDO: Claro, mi amor. No creo que muchas mujeres sean capaces de acompañar a un hombre en un momento como éste. Te amo.

CLAUDIA: Gracias.
Pausa.
CLAUDIA: Qué lástima lo del pato.
Pausa.
RICARDO: Quiero que estemos siempre juntos.

CLAUDIA: Siempre... ¿Cuánto tiempo es "siempre"?

RICARDO: Mucho tiempo. Todo el tiempo.

CLAUDIA: ¿Todo?

RICARDO: Sí: todo el tiempo juntos.

CLAUDIA: Hoy, mañana, pasado...

RICARDO: Sí.

CLAUDIA: ¿Y ayer?

RICARDO: ¿Ayer?

CLAUDIA: Claro: "todo" es todo.

RICARDO: ¡Ayer!

CLAUDIA: Cuánto trabajo.

RICARDO: No es trabajo. El amor no es trabajo. Sale solo.

CLAUDIA: Es como una glándula. Una glándula que segrega amor.

RICARDO: Supongo que sí.

CLAUDIA: Siempre aprendo cosas con vos... Es muy romántico.
Ricardo la besa.
CLAUDIA: Ricardo...

RICARDO: ¿Qué, mi amor?

CLAUDIA: ¿Qué gusto tiene el pato?

(continuará)

* Dónde caerse muerto está publicado en la antología “Autores en construcción I”, (Libros del Rojas, Editorial Nueva Generación).