viernes, 12 de junio de 2015

Abrázira *

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Abrázira viene del verbo abracés “abrazir”, que significa “hombre perdido por su inclinación descontrolada hacia el juego de naipes por dinero”.

Mucho se ha debatido acerca del siguiente detalle: ¿Cómo es que el nombre del país “Abrázira” puede venir de un vocablo en el idioma abracés? Es decir, ¿cómo es que el gentilicio puede preexistir al propio país mentado? Nadie fue capaz de responder a esta pregunta. En rigor, casi nadie fue capaz de entenderla.

Esta nación está ubicada exactamente allí donde caiga un dado con el número 6 arrojado sobre un planisferio en forma de paño. O viceversa.

Tiene una superficie cuyo valor concreto sólo saben algunas autoridades de un canal de televisión local que prometen importantes premios para quienes acierten. Y aunque en Abrázira muchos apuestan a que es pequeño, esto no significa mucho: en Abrázira muchos apuestan.

La población de Abrázira es de unos 400 mil habitantes. Con una tasa de mortalidad creciente, producto de la práctica sistemática de la “ruleta abracesa”, variante de la “ruleta rusa”, aunque con sólo una bala faltante en la recámara de las armas.

El juego es considerado deporte nacional. Y un peligro.

Las autoridades no han logrado erradicarlo. Aunque sí que se practicara directamente en los cementerios ubicados en las afueras de la capital.

Se cuenta que esta porción de tierra de tamaño incierto recibió sus primeros pobladores durante el siglo XVI: se trataba de personas expulsadas de sus países de origen por su inclinación a los juegos de azar. Cada semana, partían de los puertos más importantes de Europa barcos con ludópatas condenados al exilio. Los barcos salían de dos en dos, y el primero en llegar ganaba suculentas sumas en dinero. A veces, partía un tercero cargado de apostadores que seguían con atención el andar de las otras dos embarcaciones. Los premios se pagaban en fichas de plástico de diversos colores que los inmigrantes traían en sus bolsillos. Pronto, la ficha de plástico de colores fue acuñada como moneda oficial. Es decir: en Abrázira, los bancos y los casinos son lo mismo. Salvo por ese detalle, Abrázira no se parece en nada al resto de los países conocidos.

Con el tiempo, fueron llegando otras corrientes migratorias al lugar: los que lo habían apostado todo, los que habían apostado que llegarían a Abrázira, los tramposos, los croupier jubilados, los artistas de variedades cuyos números sólo pueden ser apreciados por gente que está jugando al pase inglés con seis whiskies encima, los fabricantes de bolitas de ruleta, los desorientados.

Hacia el año 1800, Abrázira se dio una Constitución a la que sus habitantes insisten en llamar “reglamento”. Su ejemplar original se conserva en el Museo-Casino de Abrázira y fue redactada en el reverso de la tapa de una caja cuyo contenido se ignora.

Allí se establece como forma de gobierno la Democracia azarosa representativa. Consiste en lo siguiente: cada año, se introducen en una rueda los nombres de los mayores de edad capaces de armar frases sin babearse. Una vez hecho esto, se procede a que un loro extraiga el nombre de quien regirá los destinos del país durante los próximos dos años. O hasta que pierda su cargo en una mesa de póker. Hasta ahora, ningún mandatario ha terminado su mandato.

En Abrázira, el clima suele ser templado y seco. Llueve una sola vez al año y sus habitantes tratan de acertar el día fervorosamente. Quienes así lo hicieren, gozan de exenciones impositivas vitalicias o de una entrada para el hipódromo. Optan siempre por lo segundo.

El territorio está rodeado por montañas, pero en el centro es llano, verde y cubierto de felpa. Lo que permite el despliegue de cualquier juego de mesa. Aunque provoca la carga de electricidad de sus habitantes que son, por esto mismo, a) poco afines al contacto físico y b) con el pelo rizado.

Los datos de la economía de Abrázira son un secreto difícil de escrutar. Las fortunas cambian de mano cada noche en las mesas de juego, lo que genera una especie de distribución de la riqueza que alcanza a la mayoría de las personas, aunque nunca el tiempo suficiente como para que esto se traduzca en alguna mejora en su calidad de vida.

El derecho de Abrázira es de los más avanzados: allí se permite el aborto, el matrimonio igualitario, la libre elección de género y la eutanasia. Aunque eso sí: el solicitante recibe por parte del Estado lo que le toque en suerte. Puede que alguien vaya a pedir una cosa y las cartas le den, en cambio, otra. La gente se arriesga sin embargo. Después de todo, entre una muerte digna y un matrimonio tampoco hay una diferencia abismal.

Los habitantes de Abrázira son fanáticos del azar, ergo, postulan que el universo es un caos. De este modo, rechazan toda idea de divinidad que vaya a arruinarles el juego. Algunos de sus habitantes, los menos, practican una absurda superstición consistente en creer que a la larga, el azar emparejará las cosas. Suelen pertenecer a las clases bajas. Y hasta ahora, no han tenido razón.

El habitante medio de Abrázira tiende a ser de carácter disperso, y alcanza el más mínimo desafío, por diminuto que sea, para distraerlo de cualquier empresa ambiciosa. De tal modo que este pueblo no ha logrado desarrollar nada de interés en el campo de las artes, la ciencia, la arquitectura ni el aeromodelismo.

Sus rituales mortuorios son más bien alegres y despreocupados. Tal vez por creer que el cadáver en cuestión no es más que un bromista que en cualquier momento abrirá los ojos, recobrará sus latidos y pasará a cobrar alguna apuesta ridícula.

Por el momento, no hay registro alguno de que eso haya sucedido.

 

* Del Atlas enciclopédico de países inexistentes (AEPI).

lunes, 9 de marzo de 2015

PARA CUÁNDO LO TENÉS (Curso-taller de introducción al Guion)

 

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Qué: Es un Curso de introducción a la escritura de textos para el cine, el teatro y la televisión.

Para trazar un mapa de la escritura dramática y ponerte en movimiento en ese territorio. Apartar el miedo y las dudas que aparecen a la hora de encarar esa idea que anda dando vueltas. O aprender a buscarla. Desmentir el mítico pavor a la página en blanco. Arrancar.

Cómo: Un encuentro semanal de 2 horas dirigido a quienes no tengan experiencia en el campo de la escritura dramática. O hayan tenido una experiencia desagradable. Puede pasar. 

Se trata de desplegar los conceptos básicos del texto dramático (conflicto, personajes, diálogos, estructura) y bajarlos al papel para usarlos al servicio de ideas propias: el curso es anual y se cierra con un material (teatral, televisivo, cinematográfico) terminado.

Con quién: Alejandro Turner, dramaturgo (La Ausencia de Todas las Cosas, Villarrica) y guionista (CQC, Algo Habrán Hecho, El Gen Argentino, desarrollo de formatos en Argentina y Chile). Vale googlear. 

Cuándo: Los  jueves, de 19 a 21, a partir del 16 de abril.

Dónde: Casa Río de Janeiro (Río de Janeiro 943, Almagro, CABA).

Por qué: vos sabrás. Tampoco podemos decirte todo.

Dudas, preguntas, inscripciones: aleturner27@gmail.com

martes, 27 de enero de 2015

Poco a poco prevalece el silencio

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“Poco a poco, prevalece el silencio y entonces, desde mi litera que está en el tercer piso, se ve y se oye que el viejo Kuhn reza, en voz alta, con la gorra en la cabeza y oscilando el busto con violencia. Kuhn da gracias a Dios porque no ha sido elegido.

Kuhn es un insensato. ¿No ve, en la litera de al lado, a Beppo el griego que tiene veinte años y pasado mañana irá al gas, y lo sabe, y está acostado y mira fijamente a la bombilla sin decir nada y sin pensar en nada? ¿No sabe Kuhn que la próxima vez será la suya? ¿No comprende Kuhn que hoy ha sucedido una abominación que ninguna oración propiciatoria, ningún perdón, ninguna expiación de los culpables, nada, en fin, que esté en poder del hombre hacer, podrá remediar ya nunca?

Si yo fuese Dios, escupiría al suelo la oración de Kuhn”.

 

Primo Levi, Si esto es un hombre.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Carta a los redactores de cartas palermitanas *

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Señores redactores de cartas palermitanas, no sé bien cuándo fue que llegaron pero ya es hora de que se vayan yendo.

No tengo claro cuándo ocurrió, pero un día vinieron ustedes y la lechuga pasó a llamarse “mix de hojas verdes”, el morrón “pimiento” y la aceituna “oliva”. ¿Y todo eso por qué? ¿Es acaso una absurda estrategia de diferenciación idiomática? ¿O es apenas una falta de trato más o menos frecuente con el habla de las personas e incluso con las personas?

Señores redactores de cartas palermitanas, ¿cuándo fue que una salsa se volvió “coulis”? ¿Cuándo la frutilla se volvió fresa? ¿En qué absurdo momento decidieron que una tarta era una “quiche”?

En su afán por la diferencia y la sofisticación, algunos de ustedes han llegado a llamar vegetal a la verdura o tubérculo a la papa. Algo así como llamar mamíferos vertebrados a los amigos.

¿Es que acaso la palabra “papa” es poco para sus refinadas cartas de 3 cifras? ¿Adónde quieren llegar? ¿Se animarían a llamar tubérculo incluso al sumo pontífice?

Señores redactores de cartas palermitanas, si experimentan ustedes la necesidad de dar rienda suelta a la metáfora, tal vez no sea este el sitio que la vida les tiene destinados. Anótense ya en un Taller de poesía y dejen de decirnos que esa mezquina cucharada de salsa es “un espejo de” o que una ensalada es “una sinfonía de”. Vamos: no sean hijos de.

Señores redactores de cartas palermitanas, la situación ha pasado a mayores. Y así como Palermo mismo se extiende cual aceitosa mancha de distinción sociocultural, así también vuestra absurda prédica plagada de imágenes innecesarias, genéricos ridículos y traducciones mal procesadas, ha llegado a todos los rincones de la ciudad, las zonas suburbanas y hasta las más lejanas provincias.

Pronto llegará el día en que los puestitos de la costanera o en las adyacencias de los estadios nos ofrezcan un crujiente pan de campo con alma de tripa rellena de primavera de carne de cerdo, grasa, soja y sorpresas bromatológicas. Ese día, señores redactores de cartas palermitanas, los arrojaremos a todos ustedes desde una altura superior a la de sus propias pretensiones. ¿Y saben qué? No habrá colchón de rúcula alguno que amortigüe la caída.

 

*Leída alguna vez en cierto programa de radio denominado CON QUÉ SE COME.

sábado, 13 de septiembre de 2014

20 años, de qué sirvió *

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“Pueden robarte el corazón, / cagarte a tiros en Morón…” Lo había escuchado ya una y mil veces. Sin embargo, este testigo no se amedrentó y quiso ver de qué se trataba aquello. Debió haber interpretado ese mensaje de alerta que el filme, en un segundo de honestidad, le estaba dando.

“Pueden robarte el corazón, / cagarte a tiros en Morón…” dice el comienzo del tema principal de la película, perpetuando aquella molesta costumbre de que la lógica de un texto se subordine a los mandatos de la rima consonante. De tal forma que si al hombre le hubieran robado el maletín lo tendrían que haber “cagado a tiros” en Junín.

Sin embargo, el testigo fue al cine. A pesar de haber escuchado que “el amor es más fuerte, / el amor es más fuerte…” Frase por demás discutible y que habla del amor como en un jingle de guardapolvos de acrocel. ¿Más fuerte que qué es el amor? La historia de la literatura no debe registrar amor más intenso que el de Romeo y Julieta, pero el veneno fue más fuerte. ¿Pueden robarte las neuronas y suicidarte por Verona?

“El amor es más fuerte…” dice el tema principal de una película donde, a pesar de hablarse de la Argentina de fines de los 60, lo único más o menos fuerte es Cecilia Dopazo. Si hasta la escena en la que la policía reprime una marcha de estudiantes universitarios parece extraída de una publicidad de Coca-Cola. Ni siquiera le falta el beso de la parejita principal que presencia todo desde una terraza como quien mira atardecer. Bueno, el beso y algo más porque –como todo el mundo sabe- una cosa trae la otra y hasta terminamos descubriendo que el protagonista tiene problemas de eyaculación precoz (o que la elipsis del filme es verdaderamente salvaje).

Sin embargo, detalles como esta arriesgada afirmación sexológica quedan salvados al principio de la obra cuando se nos aclara que eso que vamos a ver no es la historia de Tanguito sino “la leyenda”. Y esa advertencia se parece menos a un posicionamiento artístico que a paraguas legal y a un permiso para lavar. Resulta comprensible que una historia más rigurosa de aquel personaje –seguramente oscuro, contradictorio y de discutible alcance poético- no habría llegado con tanto éxito a disputar el mercado adolescente de las vacaciones de invierno. Pero no había por qué ir tan lejos: Tanguito no fue Rimbaud, ni siquiera Syd Barrett, pero el de esta película ya parece Diego Torres. Alguien dijo que “Tango Feroz” era como “La Banda del Golden Rocket”. Una extraña pintura de los albores del rock criollo en la Argentina de Onganía. ¿No se nos habrá ido la mano con la leyenda?

Este testigo contempla la manera en que Tango se destruye en el pestañeo que va entre uno y otro plano. Nadie hará aquí una defensa de la descarga eléctrica como terapia, pero tal vez haya que pensar que las cosas son algo más complejas que arrancarse la manga de la camisa de un tirón.

Y cuando todo termina, cuando se nos ha sugerido “poéticamente” la muerte del protagonista, viene el momento del mensaje. Es por si a alguno de los jóvenes espectadores no les queda claro. El hombre, desde una vieja película registrada por un amigo mirará a cámara y emprenderá un aforismo: “No todo se compra, no todo se vende, etc.” Con la consigna clara, gran parte de los jóvenes se dirigirá a su disquería amiga para adquirir el CD de TANGO FEROZ. Ese en el que los conciertos de La Cueva suenan como FM Hit. Aquel que trae la canción esa que dice “Pueden robarte el…” Caramba, ¿cuál será la localidad que rime con “dinero”?

 

* Nota publicada en la revista PRIMER MUNDO, Número 7,  Julio de 1993.

miércoles, 23 de julio de 2014

Iniciación a la escritura dramática

 

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Qué: Es un Curso de introducción al guion y la dramaturgia.

Para trazar un mapa de la escritura dramática y ponerte en movimiento en ese territorio. Apartar el miedo y las dudas que aparecen a la hora de encarar esa idea que anda dando vueltas. O aprender a buscarla. Desmentir el mítico pavor a la página en blanco. Arrancar.

Cómo: Un encuentro semanal de 2 horas dirigido a quienes no tengan experiencia en el campo de la escritura dramática. O hayan tenido una experiencia desagradable. Puede pasar. 

Se trata de desplegar los conceptos básicos del texto dramático (conflicto, personajes, diálogos, estructura) y bajarlos al papel para usarlos al servicio de ideas propias: el curso de 16 clases se cierra con un material (teatral, televisivo, cinematográfico) terminado.

Con quién: Alejandro Turner, dramaturgo (La Ausencia de Todas las Cosas, Villarrica) y guionista (CQC, Algo Habrán Hecho, El Gen Argentino, desarrollo de formatos en Argentina y Chile). Vale googlear. 

Cuándo: Los  jueves, de 19 a 21, a partir del 14 de agosto.

Dónde: Casa Río de Janeiro (Río de Janeiro 943, Almagro, CABA).

Por qué: vos sabrás. Tampoco podemos decirte todo.

Dudas, preguntas, inscripciones: aturner@eyeworks.tv

jueves, 10 de julio de 2014

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miércoles, 26 de febrero de 2014

Iniciación a la escritura dramática

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Qué: Es un Curso de introducción al guion y la dramaturgia.

Para trazar un mapa de la escritura dramática y ponerte en movimiento en ese territorio. Apartar el miedo y las dudas que aparecen a la hora de encarar esa idea que anda dando vueltas. O aprender a buscarla. Desmentir el mítico pavor a la página en blanco. Arrancar.

Cómo: Un encuentro semanal de 2 horas dirigido a quienes no tengan experiencia en el campo de la escritura dramática. O hayan tenido una experiencia desagradable. Puede pasar. 

Se trata de desplegar los conceptos básicos del texto dramático (personajes, diálogos, estructura) y bajarlos al papel para usarlos al servicio de ideas propias: el año se cierra con un material (teatral, televisivo, cinematográfico) terminado.

Con quién: Alejandro Turner, dramaturgo (La Ausencia de Todas las Cosas, Villarrica) y guionista (CQC, Algo Habrán Hecho, El Gen Argentino, desarrollo de formatos en Argentina y Chile). Vale googlear. 

Cuándo: Los  lunes, de 19 a 21, a partir del  7 de abril.

Dónde: Casa Río de Janeiro (Río de Janeiro 943, Almagro, CABA).

Por qué: vos sabrás. Tampoco podemos decirte todo.

Dudas, preguntas, inscripciones: aturner@eyeworks.tv

lunes, 10 de febrero de 2014

Carta a los fabricantes de Caramelos Media Hora *

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Señores fabricantes de los caramelos Media Hora: he descubierto con estupor que persisten en esa práctica inexplicable y maligna de fabricar y distribuir los autodenominados “caramelos” Media Hora. O debo decir, al menos, de distribuir. Ya que cotejando lo anticuado del packaging y ese sabor que siempre pareció echado a perder, tengo la sospecha de que siguen distribuyendo desde la clandestinidad una partida fabricada en los años 50.

Señores fabricantes de los caramelos Media Hora, empecemos por el principio: sólo alguien que oculta algo siniestro entre manos le pone a un caramelo por nombre un adverbio de tiempo. Los caramelos llevan nombres de fantasía como Sugus, promesas de atributos como Pico Dulce, descripciones morfológicas como las “rodajitas”. Pero, ¿”media hora”? Ni siquiera los uruguayos, en su alocada carrera de bautismos ridículos se atrevieron a tanto. No propusieron aún una Década Fernández ni mucho menos -por suerte- un Lustro Gutiérrez.

¿Qué debe entenderse de ese nombre confuso? ¿Que ese es el tiempo que nos dura el caramelo en la boca? Pues entonces eso no es un nombre: es una amenaza.

Señores fabricantes de los caramelos Media Hora, no sé si lo notaron, pero los caramelos suelen ser de limón, de frutilla, hasta de chocolate. Pero sólo un grupo de mentes perturbadas puede concebir un caramelo de Anetol. Ya bastante feo es el anís como para sacar de él su esencia maligna o, lo que es peor, reproducirla en un laboratorio que debió haber sido bombardeado por la ONU hace tiempo.

Tal vez la inexplicable supervivencia de este producto de sabor anestésico y peligrosa forma esférica los haya llevado a engaño. Sepan que el caramelo Media Hora no perdura como ese obsequio compensatorio para niños descontrolados o como ese bocado que nos permite evocar sabores frutales. El caramelo Media Hora circula como prenda punitiva. Si el comerciante nos lo da como vuelto, es apenas para castigarnos por la falta de cambio. También se sabe de niños que recibieron penitencias calculadas en número de Caramelos Media Hora. Y hasta los niños reincidentes son amenazados con la presencia del Hombre de la Bolsa… Una bolsa llena de caramelos media hora.

Finalmente, señores fabricantes de los caramelos Media Hora: tal vez ese inocente relojito clavado en la una y treinta quiera hacernos creer que ese caramelo es un saludable digestivo para retomar tareas después del almuerzo. Pero, ¿saben qué? Hemos descubierto que se trata de la 1 y 30 de la madrugada. La hora en que nos azota la aparición incontenible del insomnio. Y con él, el desfile de ideas tormentosas como cambiar de empleo, emigrar, suicidarse y hasta deglutirse un caramelo Media Hora.

Señores fabricantes de los caramelos Media Hora, simplemente, dejen de hacerlo. Les damos exactamente, una semana… O lo que es peor, 336 caramelos media hora.

 

*Leída alguna vez en cierto programa de radio denominado CON QUÉ SE COME.

sábado, 8 de febrero de 2014

Será que la canción llegó hasta el sol

 

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El que me abrió la cabeza fue Daniel, uno de los novios que mi hermana traía a casa para que nos encariñáramos infructuosamente. A él le escuché por primera vez aquello de tengo los dedos súper ateridos. Yo tenía 12. Y me hacía gracia esa forma enrevesada de contar una situación tan pedestre: la del tipo esperando que alguien lo levantara en la maldita ruta. Esa canción me podía. De alguna misteriosa manera me hacía sentir grande. Sofisticado, supongo. Cuando volví a la escuela después de ese verano, yo era el raro que escuchaba a Spinetta. Me había comprado juntando vueltos y limosnas familiares un vinilo que reeditaba muy truchamente el primer disco de Almendra. El de aquel hermoso dibujo del payaso con la lágrima, sí, pero sin el hermoso dibujo. Con la palabra Almendra escrita en una decadente tipografía de heladería de barrio. La decepción por esa tapa se diluyó segundos después de haber puesto el disco en el combinado de casa. Ya nada iba a ser igual. Hay un tema como de diez minutos, solía contar fascinado a mis colegas.

Dicen que no está bueno escribir con la pena atragantada. Cuando todavía te vibra la mandíbula por la piña. Y estoy de acuerdo. Pero algo tengo que hacer con esta tristeza. Y a duras penas esto es lo que consigo hacer. Escribir. Como se puede. Con lo que sale.

El primer concierto de rock al que asistí en mi vida fue ese de 1982, el de solidaridad latinoamericana por Malvinas. Llegué tarde, por supuesto: esa era la manera que tenía mi viejo de hacerme sentir que no le importaba demasiado nada de lo que a mí me importara. Ya debía ser casi el final. Desde donde estaba no alcanzaba a ver más que las cabezas de la muchedumbre. Pero Luis cantaba Umbral. Estás perdiendo el tiempo, pensando, pensando. Estás fuera de la vida, jugando y perdiendo. Y en medio de la dolorosa confusión de aquellos días, emergía su voz: no podía haber nada más diferente a la barbarie, a la guerra, a la dictadura.

Desde entonces, hasta ayer, siempre tuve un horrible reflejo: cada vez que ponía la radio y estaban pasando un tema de Spinetta pensaba que le había pasado algo. Un poco, el recuerdo de aquella desangelada mañana en que nos enteramos por la radio de la muerte de Lennon. Otro poco, por lo que le hizo el puto sistema de difusión de música a un artista inconmensurable como él. La forma casi siempre miserable en que lo trataron la mayor parte de los benditos medios de la Argentina. Esos que hoy lo homenajean desde el más zonzo lugar común de “ha muerto un pionero del rock”.

No tengo dudas de que Spinetta es el artista que más veces fui a ver tocar en vivo. Desde aquel Festival de Solidaridad en el 82 hasta el maratónico Vélez del 2009. Y en el medio, toda clase de teatros, estadios, parques y auditorios. Se me aparecen esas noches mágicas de Jade en Barrancas de Belgrano. Y no se me ocurre un recuerdo que recupere mejor la alegría de aquella efímera primavera democrática. Se me viene la gloriosa presentación de su disco con Fito en Obras, con su interminable desfile de artistas invitados, o aquel encuentro con Charly en el Luna para la presentación de Madre. Conciertos lujosos en un teatrito de Mar del Plata, con el programa firmado por algunos de sus músicos. Pero también en el Velódromo, en la Facultad de Medicina, en Exactas, en algún show de la 9 de julio. Y cada vez, esa excitación inigualable de ver al Flaco apareciendo en el escenario. Una luz de seguidor. Un saludo. Un acorde de viola. Un cosquilleo en el alma.

Por Spinetta empecé a escuchar Jazz y a leer poesía. Si eso fuera todo, si Luis sólo me hubiera servido para abrir esas puertas, ya bastaría para convertirlo en una de las personas que más hizo por mejorar mi existencia.

La primera vez que salí en una radio de verdad fue en 1987. Entré al estudio de "El Submarino Amarillo" con Alma de Diamante bajo el brazo. Y tuve la experiencia inicial de hacer sonar "El Aliado" por el aire de Radio Del Plata. El dulzor del río te curará las heridas de los siglos…

En tiempos en que cualquier millonario anabolizado con 5 minutos de escenario pago se cuelga el cartelito de artista, allí estaba él, estará siempre, perfil bajo, para poner la vara bien alto, altísimo, a años luz de la mayoría de los que salen en las revistas o en la televisión. En este mar de mediocres de tres tonitos y rimas consonantes, frente al ejército de ejecutantes de hits que venden amores como podrían vender laxantes o créditos hipotecarios, Spinetta siempre asomó la cabeza para disparar su frase inspirada, su decir poético, para lanzar al cielo una melodía de esas que se abren como flores en las orejas.

Se fue el único tipo al que podría haberle dicho sin mentir “tengo todos tus discos”. Y eso duele.
Ya sabemos que queda su música, sus palabras, esos trozos de felicidad que nos regaló y que no pueden quitarnos. Pero es duro asumir que ya nadie podrá escribir una canción tan perfecta como Los libros de la buena memoria. Nadie nos cantará ya de esa manera cósmica, única, que el vino entibia sueños al jadear desde su boca de dorado dulzor. Aquel nunca sería el tema del verano, está claro. Pero bueno, será por eso que preferimos el frío.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Todo el año es Navidad

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¡Se celebra el adulterio de María

con la paloma sacra!”

Oilverio Girondo, Verona.

 

El nuevo decreto fue reproducido en las primeras planas de los diarios con tipografía de aviones caídos: “A partir de mañana, todo el año es Navidad”. La dictadura de los publicistas alcanzaba así su más alto grado de voluntarismo: el 24 a la noche, los habitantes del país se despidieron de lo cotidiano para abrazar el festejo morboso de una Navidad a repetición.

Lo primero fue planificar con quién y dónde se iba a padecer aquello. Celos familiares cedieron ante aceitadísimos cronogramas de reuniones entre las más diversas combinaciones de parientes. Por fin había chances para todos. La Iglesia Católica reaccionó con beneplácito en la seguridad de que se extinguía así una de las principales causas de divorcio.

Pero pronto aparecieron los problemas. Sabida es la inclinación que tienen muchas familias por alimentarse el día 25 con las sobras del 24, vestigios de abundantes comilonas planeadas durante meses. La costumbre resultaba ahora difícil de sostener: ese exquisito pollo frío que el 25 se mostraba aún rozagante y que llegaba dignamente al 26 bajo los efectos cosméticos de la mayonesa, en el mes de febrero tornaba su color hacia tonalidades poco sugerentes y en junio despedía un hedor putrefacto. Antes o después, todo comestible experimentaba igual degradación.

Hasta sufrir las primeras convulsiones, los niños se entretuvieron haciendo rebotar el pan dulce, que a los 2 meses de abierto adoptaba las características de una pelota Pulpo.

En este contexto, sobresalía la dignidad del turrón que, si bien era incomible en octubre, no hacía más que conservar su estado inicial. Pero la proliferación de turrones como único alimento provocó una masiva pérdida de piezas dentales en los sobrevivientes a la intoxicación general, en momentos en que los odontólogos se hallaban de franco o simplemente muertos.

En las guardias de los hospitales, los desdichados que habían pactado trabajar en esa fecha a cambio de vaya a saberse qué insignificante suma, terminaban por caer extenuados sobre sus pacientes.

Junto a las víctimas de la dureza del turrón, los centros de asistencia se iban poblando de heridos: el tedio y la inquietud por la salvaje detención del tiempo convirtieron a la pirotecnia en deporte nacional y quienes no atinaron a clausurar sus casas asistieron al súbito incendio de manteles, mobiliarios o primos del campo. Las calles eran una patética reproducción en escala de las más peligrosas zonas de medio oriente en la que convivían los mutilados con los fuegos de artificio. Pero aún más devastadora resultaba la cobertura de los acontecimientos en los canales de televisión. Montados en los mecanismos propios de esta época del año, se reiteraba el tradicional regodeo de la cámara sobre el rastro epidérmico del buscapié.

Miles de papanoeles apócrifos conocían con dolor los intersticios de sus chimeneas noche tras noche para fracasar sistemáticamente ante sus hijos.

Los tradicionales suicidios navideños se multiplicaban y no faltó quien resolviera el asunto obligándose con crueldad a la audición de villancicos ante pelotones de monaguillos que desafinaban falsas promesas de irse a Belén.

Los camiones recolectores respetaban su eterno feriado para que la calle fuese un paisaje maloliente del que se adueñaban insectos, cuentapropistas que vendían porquerías ideales para regalar, ancianas que insistían con asistir a misa y los deshabitados cuerpos de aquellos que se arrojaban –clásicos- desde las ventanas de los edificios.

El interminable feriado bancario impidió el pago de servicios y las empresas cortaron el suministro de agua, luz, gas y teléfono.

Los incautos que se prestaron a ponerle el cuerpo a los pesebres vivientes de las plazas, iban perdiendo la fe día a día mientras intercambiaban miradas para endilgarse la sacra responsabilidad de cambiarle los pañales de una vez al niño Jesús. Una imitación pestilente y llorona cuya llegada hacía rato que había dejado de ser una buena noticia.

Propietarios de negocios eran estrangulados por compradores que no entendían la escasez de pares de medias y pañuelos para regalar a esos parientes que verían hoy por vez primera en el almuerzo navideño, en las cenas o en los velorios de quienes iban muriendo por ser, también ellos, propietarios de negocios asesinados por compradores que no entendían la escasez de pares de medias y pañuelos para regalar.

La inoperancia de lo que quedaba del personal carcelario (ebrio, dormido o fallecido) propició una masiva fuga de cada una de las penitenciarías, lo que hubiera llevado el índice de delincuencia a las nubes de no ser por el temor de los encuestadores a salir a la calle para obtener datos alarmantes que venderles a los candidatos conservadores en campaña, quienes, por otra parte, habían sido atacados mortalmente por su personal doméstico ante la negativa a abonarles un aguinaldo diario.

Desde su lecho de muerte, un funcionario de gobierno dio órdenes precisas de reprimir pero pronto se dio cuenta de que no tenía a quien dársela ya que las fuerzas de seguridad habían desertado para no perderse los festejos.

Finalmente, cuando el horror navideño acabó con toda forma de civilización, las potencias extranjeras decidieron pasar por alto de una vez por todas el principio de no intervención que habían respetado religiosamente hasta el momento. Entendieron que la situación era algo anómala y que –después de todo- ya no quedaban activos por malvender por parte de las alcoholizadas autoridades de la economía local.

Las fuerzas de paz decidieron bombardear cada uno de los posibles focos rebeldes,
es decir todo blanco susceptible a la acción destructiva de las bombas. No podía correrse riesgo alguno en la difícil misión de salvar a los pobladores inocentes. Finalizada esta tarea de profilaxis, la intervención dio a conocer su primera medida: anular la última disposición del gobierno anterior.

El brusco salto de los almanaques fue anunciado con un discurso festivo ante un pequeño número de sobrevivientes que, diezmados por el hambre y el estupor, procedieron a desarmar sus patéticos pinitos falsos jurando en vano no volver a erigirlos nunca más.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

The father of inventions

Hace exactamente 20 años, se moría Frank Zappa. Músico virtuoso, compositor genial, creador prolífico y diverso, provocador con causa, respetuoso de su público a más no poder, riguroso sin dejar de reírse (y viceversa). Siempre un norte. Para músicos y no tanto.

En el irrelevante Olimpo del dueño de este blog, se apunta como uno de los artistas más impresionantes del siglo XX. De la misma carnadura que los Picasso, los Buñuel, los Borges.

Ojo, también se puede seguir escuchando a Iván Noble. La libertad es libre, ¿no?

Gracias por tanto, Mr Zappa.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Lo que esperamos

 

Tardará, tardará.
Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.
Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad.
de bosta.
Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.
Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.

 

Oliverio Girondo, PERSUASIÓN DE LOS DÍAS. (1968)

viernes, 1 de noviembre de 2013

A todos lados

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El spot que hicimos en CQC para celebrar los 30 años de aquel primer voto de esta Democracia.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Insomnio

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De fierro,
de encorvados tirantes de enorme fierro tiene que ser la noche,
para que no la revienten y la desfonden
las muchas cosas que mis abarrotados ojos han visto,
las duras cosas que insoportablemente la pueblan.

Mi cuerpo ha fatigado los niveles, las temperaturas, las luces:
en vagones de largo ferrocarril,
en un banquete de hombres que se aborrecen,
en el filo mellado de los suburbios,
en una quinta calurosa de estatuas húmedas,
en la noche repleta donde abundan el caballo y el hombre.

El universo de esta noche tiene la vastedad
del olvido y la precisión de la fiebre.

En vano quiero distraerme del cuerpo
y del desvelo de un espejo incesante
que lo prodiga y que lo acecha
y de la casa que repite sus patios
y del mundo que sigue hasta un despedazado arrabal
de callejones donde el viento se cansa y de barro torpe.

En vano espero
las desintegraciones y los símbolos que preceden al sueño.

Sigue la historia universal:
los rumbos minuciosos de la muerte en las caries dentales,
la circulación de mi sangre y de los planetas.

(He odiado el agua crapulosa de un charco,
he aborrecido en el atardecer el canto del pájaro)

Las fatigadas leguas incesantes del suburbio del Sur,
leguas de pampa basurera y obscena, leguas de execración,
no se quieren ir del recuerdo.

Lotes anegadizos, ranchos en montón como perros, charcos de
plata fétida:
soy el aborrecible centinela de esas colocaciones inmóviles.

Alambre, terraplenes, papeles muertos, sobras de Buenos Aires.

Creo esta noche en la terrible inmortalidad:
ningún hombre ha muerto en el tiempo, ninguna mujer, ningún muerto,
porque esta inevitable realidad de fierro y de barro
tiene que atravesar la indiferencia de cuantos estén dormidos o muertos
-aunque se oculten en la corrupción y en los siglos-
y condenarlos a vigilia espantosa.

Toscas nubes color borra de vino infamarán el cielo;
amanecerá en mis párpados apretados.

Adrogué, 1936

Jorge Luis Borges, "El otro, el mismo", 1960, Emecé.

martes, 3 de septiembre de 2013

#Agosto2013








domingo, 25 de agosto de 2013

Amén

"Yo creo que hoy no son los intelectuales los que producen opinión: son los comunicadores de los media los que más gravitan en este terreno. Los medios audiovisuales funcionan con un ritmo que presiona en el sentido de la simplificación. Y ahí yo sí enunciaría una fórmula normativa: allí donde reina la simplificación, la obligación del intelectual, independientemente de cuáles sean sus convicciones, es introducir sentido de la complejidad, resistir la tendencia a la simplificación y rehusarse al lenguaje de los estereotipos".



Fragmento del reportaje aparecido en la Revista Ñ Nro 517 a Carlos Altamirano, a propósito de la reedición de su libro "Intelectuales", Editorial Siglo XXI.

jueves, 1 de agosto de 2013

#Julio2013






viernes, 12 de julio de 2013

Carta a los fabricantes de Patitas de Pollo *

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Señores fabricantes de Patitas de pollo,

Tengo con ustedes dos problemas, a saber, a) que se llamen patitas, y b) que se presuman de pollo.

Sé que sería sencillo centrarme sólo en el punto b. Todos sospechamos que la presencia del pollo en ese producto está dentro de un rango que oscila entre “bastante pollo”, “un poquito de pollo” y “una vez caminó un pollo por la cinta en que empaquetamos esto, aunque ahora que preguntás, podría haber sido un benteveo”.

Sin embargo, como no quisiera ser extremadamente prejuicioso, abordaré, señores fabricantes de Patitas de Pollo, el punto a), es decir, que se autodenominen “patitas”.

Me pregunto entonces, señores, ¿qué es ese afán por la mutilación, esa fiesta del desmembramiento consistente en entusiasmar a los niños con la amputación sistemática de aves? ¿Qué es esta celebración medieval de empaquetar con colores brillantes y diminutivos engañosos el producto de una práctica feroz que ha condenado a miles de aves a convertirse en reptiles?

Por otra parte, señores fabricantes de Patitas de Pollo, todos hemos visto un pollo alguna vez, aunque fuera dando vueltas en la vidriera de una rotisería. Y todos hemos notado esa presencia sólida que sostiene sus cuartos traseros.

Señores Fabricantes de Patitas de pollo, lo constatamos con nuestros propios ojos: las patas de pollo tienen hueso. Y no sólo eso: es esa inocultable presencia ósea y ninguna otra cosa la que convierte a la pata en la presa favorita de los pequeños.

No es la presencia de colágeno en sus carnes oscuras, ni esas formas redondeadas las que despiertan la adhesión infantil: es esa posibilidad de agarre. Esa porción de carne asida a una manija es un verdadero grito de independencia primal. Ese verdadero picaporte natural abre la puerta al “no me cortes la comida”, al “me arreglo solito”, al “papá, mamá, soy una persona que se autoabastece de pollo”.

Es ese hueso el secreto que ha unido por siglos al niño con su pata de pollo, provocando incluso luchas fratricidas en los hogares con más de dos niños.

Y sin embargo, señores fabricantes de patitas de pollo, ¿por qué sus “patitas” no tienen hueso? ¿Por qué han decidido poner ese obstáculo en el duro recorrido del párvulo hacia su libertad?

Señores Fabricantes de Patitas de Pollo, les rogaremos encarecidamente que dejen de llamar a eso “patitas”. Denomínenlos “cosos de pollo”, “trozos inciertos de ave congelada” o sencillamente “Mamá se fue de juerga y papá no quiso cocinar así que comete esto”.

Sin otro particular, saludamos atentamente, cqsc.

 

*Leída alguna vez en cierto programa de radio denominado CON QUÉ SE COME.

jueves, 4 de julio de 2013

#Junio2013